Química

Vitamina b-2 y generación bacteriana de electricidad

(NC&T) Éste es un descubrimiento muy importante porque resuelve un enigma biológico fundamental. Hace años que los científicos saben que las Shewanellas producen electricidad. Ahora se ha averiguado con mayor detalle cómo lo hacen.

El descubrimiento significa que la Shewanella puede producir más energía simplemente mediante un incremento de los niveles de riboflavina. El hallazgo también abre múltiples posibilidades para realizar innovaciones en el campo de las energías renovables y la limpieza medioambiental.

El equipo interdisciplinario de la investigación, dirigido por Jeffrey Gralnick y Daniel Bond, ha demostrado que bacterias creciendo en los electrodos de manera natural produjeron riboflavina. Debido a que ésta fue capaz de llevar los electrones desde las células vivas hasta los electrodos, las tasas de electricidad producida aumentaron hasta un 370 por ciento a medida que se acumulaba la riboflavina.

Incrementando la escala de los dispositivos conocidos como células de combustible microbianas, y empleando bacterias similares, se podría generar suficiente electricidad para depurar aguas residuales o energizar sensores remotos en el fondo del mar.

Pero para las aplicaciones más ambiciosas, como generar electricidad para el transporte, los hogares o los negocios, se requerirá de adelantos significativos en la biotecnología y en el abaratamiento de los costos de los materiales usados en la célula de combustible.

¿Por qué estas bacterias producen electricidad? En la naturaleza, las bacterias como la Shewanella necesitan acceder a metales como el hierro y disolverlos. Tener la capacidad de dirigir los electrones hacia los metales, es algo que les permite cambiar su estado químico y su disponibilidad.

Las bacterias han estado cambiando la química del entorno durante miles de millones de años. Su capacidad de hacer soluble al hierro es importante para el reciclaje de metales en el medio ambiente y esencial para gran parte de la vida en la Tierra. El proceso podría invertirse en ciertas ubicaciones para, por ejemplo, impedir la corrosión del hierro y otros metales en los barcos.




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