Uno de cada diez madrileños sufrió síntomas de ataques de pánico después del 11-M

Un acontecimiento traumático puede dejar en muchas ocasiones secuelas para las personas que lo han presenciado o que han sido protagonistas en él. Unas de las más frecuentes son las secuelas psicológicas que perduran en el tiempo y desembocan en episodios de estrés, depresión e incluso en  trastornos de pánico.

La Asociación Estadounidense de Psiquiatría caracteriza el ataque de pánico por la aparición repentina e intensa de sentimientos de miedo acompañados de temblores, sensación de ahogo, palpitaciones fuertes, mareo o miedo a perder el control o morir. Si se hacen frecuentes es posible que el sujeto haya desarrollado un trastorno de pánico.

Una investigación publicada en la revista Journal of Traumatic Stress por investigadores de la Universidad de Málaga (UMA), de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad de Columbia (EE UU) analiza la prevalencia del ataque de pánico peritraumático (que se produce durante o poco después del suceso traumático) y el posible desarrollo de trastorno de pánico en los doce meses siguientes al atentado ocurrido en Madrid en mayo de 2004.

“Pese a que el ataque de pánico está íntimamente relacionado con el trastorno de pánico, en el contexto del terrorismo la contribución de los episodios de pánico posteriores en el desarrollo de un trastorno ha sido escasamente investigada”,  señala el doctor José Martín Salguero, del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la UMA.

 La prevalencia de personas que sufrieron ataque de pánico peritraumático tras los atentados fue de 10,9%

Para este trabajo se han analizado los datos de un estudio realizado a 1.598 madrileños durante los doce meses posteriores a la tragedia. Los resultados mostraron que la prevalencia de personas que sufrieron ataque de pánico peritraumático tras los atentados fue de 10,9%, casi cuatro veces más que antes. Es decir, aproximadamente uno de cada diez madrileños sufrió síntomas de ataques de pánico en el momento de los ataques o justo después.

En el caso del 11-S, por ejemplo, la prevalencia en la población de Nueva York se situó entre el 16% y el 23%. Otro de los resultados que llamaron la atención fue que el nivel de exposición a los atentados no se relaciona de forma directa con el trastorno, sino que la presencia de ataque de pánico peritraumático medió en dicha relación. 

Intervención rápida

Por otra parte, el trabajo también refleja que no solo el hecho de haber sufrido ataque de pánico peritraumático, sino también otras situaciones estresantes previas al suceso, el mayor grado de exposición a los atentados y la reducción del apoyo social en los meses posteriores, entre otras circunstancias, aumenta la probabilidad de desarrollar este tipo de trastorno durante el año siguiente.

En esta línea los expertos afirman que los episodios traumáticos no solo parecen aumentar la posibilidad de sufrir un ataque de pánico, sino que sufrirlos tras el suceso conecta directamente con la aparición de otros problemas psicológicos.

Por ello, los autores abogan por una rápida identificación e intervención en aquellas personas que hayan sufrido un ataque de pánico en el momento del atentado. “Puede ser de gran ayuda a la hora de prevenir el futuro desarrollo de una depresión, del trastorno de estrés postraumático y del propio trastorno de pánico”, explica el doctor Salguero.

Referencia bibliográfica:

Cristina M. Wood, José M. Salguero, Antonio Cano-Vindel, y Sandro Galea. ”Perievent Panic Attacks and Panic Disorder after mass trauma: A 12-month longitufinal study”. Journal of Traumatic Stress 26, 1-7.  June 2013. Disponible en línea: http://dx.doi.org/10.1002/jts.21810

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