Validan una nueva terapia anticancerígena basada en la división celular

Aurora-A es una proteína que participa en la división de las células y cuyos niveles de expresión están aumentados en un gran número de cánceres humanos, sobre todo en aquellos con mal pronóstico.

Son varias las compañías farmacéuticas que han desarrollado recientemente inhibidores de la proteína, aunque todavía se desconocen los efectos terapéuticos y fisiológicos que su bloqueo pueda causar en tejidos adultos.

Ahora, un estudio dirigido por Ignacio Pérez de Castro y Marcos Malumbres, investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), describe en modelos murinos las consecuencias celulares de la eliminación genética de Aurora-A, una importante diana para el desarrollo de nuevos agentes contra el cáncer.

El trabajo, que ha contado con la colaboración de los investigadores Terry Van Dyke y Dale Cowley de la North Caroline University, en EE UU, se publica hoy en Cancer Research.

Aurora-A es una proteína implicada en la regulación del ciclo celular, un proceso por el que las células se reproducen y forman tejidos. A pesar de que estas funciones elementales habían sido ampliamente estudiadas en varios organismos modelo y embriones de ratón, su papel en los tejidos y organismos adultos era todavía desconocido.

Aurora-A es una proteína implicada en la regulación del ciclo celular, un proceso por el que las células se reproducen y forman tejidos

Los autores del trabajo han descubierto, a través de ratones deficientes en Aurora-A generados por manipulación genética, que la ausencia de la proteína provoca un aumento en el número de células con alto contenido en ADN, consecuencia de un reparto aberrante del material genético al dividirse.

“Este fenómeno provoca defectos en la proliferación celular, así como un incremento en el número de células muertas y senescentes, lo que desencadena un envejecimiento prematuro de los animales estudiados”, apunta Ignacio Pérez de Castro.

“También observamos en estos ratones un aumento en el daño de su ADN y, lo más importante, una reducción en la progresión de tumores de piel y mama”, añade.

Aurora-a, envejecimiento y cáncer

El estudio ayuda a resolver dos de las grandes limitaciones con la que se encuentran las empresas farmacéuticas que realizan ensayos clínicos con inhibidores de las proteínas Aurora.

Por una parte, los compuestos usados en ensayos clínicos no son completamente específicos y no son capaces de discriminar adecuadamente entre los tres miembros de la familia Aurora: Aurora-A, B o C. así, los ratones generados confirman el valor terapéutico del primer miembro de esta familia de proteínas.

“Por otra parte, los estudios clínicos con estos inhibidores tienen problemas de seguimiento relacionados con una falta de marcadores que permitan seguir sus efectos en las células”, indica Marcos Malumbres.

Los investigadores proponen el estudio del volumen del núcleo celular, consecuencia del cambio de contenido de ADN, como nueva herramienta para evaluar la eficiencia de estas nuevas drogas anticancerígenas.

Puesto que la inhibición de Aurora‐A daña el ADN, el equipo asegura que el uso de drogas inhibidoras de dicha proteína podría sensibilizar a los tumores frente a agentes anticancerígenos, actualmente en uso clínico, que atacan células con altos niveles de daño en su material genético.  

Referencia bibliográfica:

Requirements for Aurora-A in tissue regeneration and tumor development in adult mammals. Ignacio Pérez de Castro, Cristina Aguirre‐Portolés, Gonzalo Fernández‐Miranda, Marta Cañamero, Dale O. Cowley, Terry van Dyke, Marcos Malumbres. Cancer Research (2013). DOI: 10.1158/0008-5472.CAN-13-0586 

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