Tres de cada cuatro tumores de vejiga presentan mutaciones en un mismo gen

Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) han descubierto que más de un 70% de los tumores de vejiga presentan mutaciones somáticas en el gen transcriptasa reversa de la telomerasa (TERT), involucrado en la protección del ADN y en procesos de envejecimiento celular y cáncer.

Estos resultados convierten a este gen en el más mutado en estos tumores, que representan un grave problema de salud pública en España, donde se registran los mayores índices de incidencia en el mundo, con 11.200 nuevos casos cada año.

El trabajo ha estado dirigido por Francisco X. Real y Núria Malats, ambos jefes de grupo en el CNIO, así como de otros equipos europeos, especialmente del Hopital Mondor (Créteil-Paris, Francia), y del Erasmus Medical Centre en Rotterdam.

Los resultados, que se publican en la versión digital de la revista European Urology, se derivan de un exhaustivo estudio genético y molecular de más de 450 pacientes diagnosticados de cáncer de vejiga. Entre los casos explorados figuran tanto los tumores más indolentes como los tumores más agresivos y, por tanto, con mayores probabilidades de desarrollar metástasis locales o a distancia en el organismo.

“Cuando analizamos la frecuencia de mutaciones de TERT en este conjunto de pacientes, observamos que no había correlación entre la presencia de mutaciones y la agresividad del tumor o la supervivencia de los pacientes”, explica Real. Según describen los autores, “el hecho de que estas mutaciones estén presentes en cualquier fase del proceso tumoral urotelial sugiere que ocurren de una forma precoz durante la carcinogénesis”.

El producto del gen TERT es una proteína que aumenta la longitud de los telómeros, unas estructuras protectoras del material genético localizadas en los extremos de los cromosomas y asociadas al envejecimiento celular.

“Cómo las mutaciones en TERT afectan a la longitud de los telómeros y favorecen la carcinogénesis está todavía por descubrir”, matiza Real, y añade: “Creemos que podrían aumentar la expresión del gen, pero son necesarios estudios adicionales”. Los autores opinan que las implicaciones clínicas del trabajo pueden ser de gran relevancia, tanto desde el punto de vista del diagnóstico como del manejo de estos pacientes.

“Cómo las mutaciones en TERT afectan a la longitud de los telómeros y favorecen la carcinogénesis está todavía por descubrir”

Un nuevo biomarcador

Desde el punto de vista del diagnóstico y seguimiento de los pacientes, los autores proponen TERT como un nuevo biomarcador de cáncer de vejiga: “Somos capaces de detectar mutaciones del gen en muestras de orina de los pacientes, de forma que el análisis de estas mutaciones, combinado con otros marcadores, puede ser prometedor para la detección de la enfermedad”.

Pero las consecuencias pueden ir más allá, debido fundamentalmente a que ya existen drogas capaces de frenar la actividad de TERT. En este caso, y si los futuros ensayos lo confirman, “podríamos pensar en la utilización de estos inhibidores para frenar el crecimiento de los cánceres de vejiga con estas características”, concluye Real.

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