Las piscinas naturalizadas también se contaminan

Investigadores de la Universidad de Barcelona han analizado cuatro piscinas naturalizadas en Cataluña para sondear la calidad de las aguas de este tipo de masas artificiales de agua, que se tratan con filtros mecánicos y biológicos –con plantas, por ejemplo–, pero no químicos.

Los resultados revelan que en tres de estas piscinas se superaban los límites de Escherichia coli y enterococos fecales recomendados, según publica el International Journal of Hygiene and Environmental Health.

“La demanda de este tipo de piscina se ha incrementado en toda Europa por los problemas que causa el cloro en las piscinas convencionales, como la irritación de los ojos y la piel, pero sabemos poco sobre la capacidad que tienen los sistemas naturales de depuración para garantizar la calidad del agua de baño desde un punto de vista microbiológico”, apunta a SINC Arnau Casanovas, uno de los autores.

Para averiguarlo, los científicos han planteado este estudio. Como no existe una legislación que regule la calidad de las aguas de estas piscinas, los investigadores han comparado sus datos con las recomendaciones que se ofrecen desde Francia, Suiza, Austria y Alemania. En estos países es habitual construir estas instalaciones acuáticas pseudonaturales para integrarlas en paisajes ajardinados.

Según los expertos europeos, los valores que no se deberían superar son 100 ‘unidades formadoras de colonias’ (UFC) de E. coli para 100 ml de agua y 40-50 UFC para el caso de los enterococos, pero en tres piscinas se sobrepasaron.

“Probablemente la fuente de contaminación es la fauna salvaje, sobre todo los pájaros”

La contaminación microbiológica de estas aguas puede tener su origen en las aportaciones de los propios bañistas –por el lavado involuntario de restos fecales o de otra naturaleza de los usuarios–, pero los análisis bioquímicos señalan que en este caso el origen es animal.  

“Probablemente la fuente de contaminación es la fauna salvaje, particularmente los pájaros, que habitan en los alrededores de estas piscinas”, apunta Casanovas, que también destaca que otros parámetros, como la concentración de la bacteria Pseudomonas aeruginosa, fueron aceptables.

La mayoría de las piscinas naturalizadas se suelen situar en urbanizaciones privadas –como las cuatro estudiadas–, “pero estos resultados pueden ser útiles para estimar los riesgos microbiológicos en las de uso público, un escenario donde la densidad de baño es mayor, y por tanto, también la concentración de contaminación fecal y otros patógenos”, comenta el investigador.

El científico concluye: “El sistema de depuración natural puede ser insuficiente para recudir la carga de patógenos, por lo que es necesario seguir investigando este tipo de piscinas para llegar a determinar unos parámetros microbiológicos que garanticen un riesgo microbiológico aceptable para los usuarios”.

Piscinas naturales o naturalizadas

Los científicos y los profesionales del sector definen como piscinas naturalizadas o naturales a aquellos cuerpos de agua artificiales destinados al baño recreativo que carecen de tratamiento químico de desinfección. Están separadas de otras masas de agua, y por tanto, quedan fuera de la Directiva Europea de Aguas de Baño. Este tipo de piscinas no contienen sal, para que puedan crecer las plantas que, además de su función paisajística, ayudan a realizar el tratamiento biológico.

Hay que distinguir este tipo de piscinas de las denominadas popularmente como ‘piscinas naturales’, que se  encuentran en muchos pueblos de España junto a ríos, lagos e incluso el mar. Estas últimas no serian piscinas naturales de acuerdo a la definición de los científicos, ya que, o bien no se han construido artificialmente, o bien están en contacto con el agua circulante del rio, lago o mar.

Referencia bibliográfica:

Arnau Casanovas-Massana y Anicet R. Blanch. “Characterization of microbial populations associated with natural swimming pools”. International Journal of Hygiene and Environmental Health 216: 132– 137, 2013.

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