Investigadores del IEO se preparar para la llegada a El Hierro del tiburón solrayo, un escualo colombiano que ha migrado

MADRID, 17 (EUROPA PRESS)

Investigadores del Centro Oceanográfico de Canarias del Instituto Español de Oceanografía, dirigidos por el investigador Pedro J. Pascual se preparan para la llegada a la isla de El Hierro del tiburón solrayo (Odontaspis ferox), un escualo que se viene observado de forma consecutiva en la isla durante los últimos cinco años.

Según ha informado el IEO, la «enigmática especie» que supera los cuatro metros de largo sólo había sido visto vivo en la isla colombiana de Malpelo, de donde ha desaparecido, y desde hace cinco años se observa de forma consecutiva en la Reserva Marina del Mar de las Calmas, en la isla tinerfeña de El Hierro. En 2010 fue avistado y retratado los días 7 y 8 de agosto.

Se trata de una especie de tiburón poco conocida e incluida en la lista roja de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN) entre las especies en situación vulnerable. Se piensa que habita en profundidades de entre 400 y 1.000 metros y que sólo las hembras emergen a aguas costeras, cada dos años, para alumbrar a sus crías. Hasta que en 1999 se observara al solrayo en las costas de la isla colombiana de Malpelo, jamás se le había observado vivo. «Su presencia generó una avalancha de buceadores que querían ver y filmar al animal», explica Pascual.

«Al principio era muy manso, dejándose incluso tocar, y, ahora, en cuanto detecta a un submarinista huye, y ya no se deja ver desde hace algunos años», ha añadido. En El Hierro fueron observados por primera vez en verano de 2006 y desde entonces ha vuelto cada año.

El IEO apunta que la especie ya había sido citada en aguas canarias, donde los pescadores conocen a este escualo como sarda. Se han registrado varias capturas accidentales de esta especie, especialmente en las islas occidentales, donde existe un talud pronunciado y rocoso, en torno a los 500 metros de profundidad. Los ejemplares de mayor tamaño superan los cuatro metros y los 400 kilogramos de peso.

El experto en tiburones Pedro J. Pascual indica que los avistamientos del solrayo en la isla de El Hierro coinciden con el momento «más delicado» de la especie: el alumbramiento de sus crías y añade que se trata de una especie con un crecimiento «muy lento»; que puede llegar a vivir más de 40 años y cuya reproducción es bianual. Se cree que cada hembra alumbra dos ejemplares cada vez, «lo que hace todavía más delicado el momento».

Al contrario de la mayoría de peces, este tiburón tiene muy poca descendencia, sin embargo, esta es autónoma desde que nace. Se trata de un animal ovovíparo, es decir que sus crías nacen de un huevo pero éste se desarrolla y eclosiona en el vientre materno.

CAÍN Y ABEL

Además, los embriones practican la adelfofagia o canibalismo intrauterino, esto significa que el mayor de la camada se alimenta de sus hermanos en las últimas fases del desarrollo. El ejemplar superviviente puede llegar a medir más de un metro tras el parto.

Sin embargo, el investigador insiste en que lo ocurrido en la isla colombiana de Malpelo pone de manifiesto el estrés que el buceo puede llegar a causar al solrayo y avisa de que en El Hierro podría llegar a pasar lo mismo si no se gestiona y temporaliza la actividad. El IEO subraya que, en la actualidad, no hay otro lugar en el mundo donde se pueda observar a este escualo, por lo que es muy importante para conocer mejor a la especie, pero Pascual propone que se establezca un tiempo máximo de observación, hacer cupos y ponerse en lista de espera para bucear en esta zona.

En este contexto, el experto prepara el seguimiento del escualo ante su posible llegada a El Hierro para seguir identificando ejemplares con fotos y filmaciones y tratar de observar el alumbramiento y estudiar la temporalidad reproductiva. En una segunda fase de estos estudios, se intentarán marcarán los ejemplares avistados con sensores de temperatura y profundidad. Estos instrumentos ofrecen un registro continuo de información que permite definir el hábitat del animal.

«Lo principal del proyecto, y la idea que ha de acompañar todas sus acciones, es concienciar a la gente, y transmitir la idea de que los tiburones no son enemigos peligrosos y difundir un mensaje claro e inequívoco que fomente su protección y conservación», apunta Pascual, quien insta a que los resultados de sus estudios sirvan para que las autoridades gestionen «bien» la zona y eviten un «circo mediático».

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