La industria farmacéutica debe inspirarse en la naturaleza para avanzar en nuevas moléculas

MADRID, 13 (EUROPA PRESS)

El futuro de la industria farmacéutica depende del desarrollo de nuevas formulaciones, y, para ello, «hay que retomar moléculas inspiradas en la naturaleza», afirma Antonio Echavarren, responsable de grupo del Institut Catalá d»Investigació Química (ICIQ) en Tarragona.

A su juicio, la industria farmacéutica se había fijado en moléculas «demasiado sencillas», y hay que «volver a pensar en los productos naturales que proporcionan estructuras que son biológicamente muy activas, y que no se consideraban útiles por ser complicadas de hacer».

Según explica este experto en una entrevista a Europa Press, con motivo del 19 Simposio Científico de la Fundación Lilly «Síntesis orgánica en el año internacional de la química», hay moléculas que han llegado al mercado que son «tremendamente complicadas», y que, a su juicio, han demostrado que actualmente existe en el sector «muy poca innovación», lo que difícilmente ayuda a introducir nuevos fármacos.

En el mismo sentido, el catedrático de Química Orgánica de la Universidad de Alcalá y coordinador del simposio, Julio Álvarez- Builla, explica que «tener tecnología cada vez más avanzada en síntesis orgánica permite construir moléculas más complejas». Esto es fundamental a la hora de desarrollar nuevos fármacos.

En cuanto al futuro, opinan que pasa por explorar enfermedades menos comunes y crear moléculas para grupos humanos específicos. «Estamos ante un desarrollo generalizado de moléculas cada vez más selectivas y terapias personalizadas, al ser genómicamente distintos se puede fabricar fármacos para pequeños grupos casi», señala Alvarez-Builla, quien asegura que es posible que se dé un cambio en la manera de usar y desarrollar los fármacos.

Echavarren añade que el desarrollo pasa por una «química más compleja», aunque apunta que la actual «pequeña gran crisis» de la industria supone un lastre en la innovación «que ha ido decreciendo, mientras que la competencia es más grande y los requisitos para desarrollar un fármaco cada vez son más exigentes».

No obstante, es optimista y cree que ésta situación «obliga a pensar en aproximaciones distintas y repensar aspectos que igual se habían dejado de explorar». «Hay que introducir mayores niveles de sofisticación», apunta.

DEL PALADIO AL ORO, Y QUIZÁ EL HIERRO

El futuro en química orgánica aplicada a la biomedicina se dirige hacia el desarrollo de moléculas concretas para tipos de enfermedades particulares, lo que hará preciso utilizar métodos más sofisticados para sintetizarlas. Otro de los grandes avances, ya en marcha, que podrá ayudar a que la industria farmacéutica desarrolle más rápidamente nuevos fármacos es la «química del oro».

Echavarren destaca el uso del oro como catalizador, y aclara que, aunque está todavía en su infancia, «será una de las químicas catalíticas del futuro inmediato».

«Hasta hace poco se había considerado que era poco interesante en catálisis, pero ha sufrido un desarrollo espectacular, de la nada ha pasado a ser una de las a áreas más activas de la catálisis en la actualidad», ha agregado aludiendo a cientos de publicaciones y decenas de trabajos activos lo demuestran.

El que también fue uno de los pioneros en trabajar con este material, afirma que le cuesta mantenerse el conocimiento de éste área por lo espectacular de las trasformaciones, que le recuerdan a lo ocurrido hace años con la «química del paladio»; un avance formulado en los 80 y que ha tardado unos 20 años en desarrollarse «casi plenamente».

«Supuso en su momento una ruptura significativa sobre cómo se trabajaba, ha facilitado el trabajo de los químicos en todas las áreas, no sólo en la clínica farmacéutica». De hecho, ha explicado que en la actualidad la industria farmacéutica utiliza la «química del paladio» casi como la primera herramienta.

«De la «química del oro» cabe esperar que se convierta en una herramienta, sino al mismo nivel por lo menos tan útil como la «química del paladio» para acceder a moléculas complejas en el mínimo tiempo y con los mínimos esfuerzos», añade.

El oro sirve para activar moléculas pequeñas y, en concreto, acetilenos. Ha agregado que tiene una capacidad catalítica «extraordinaria» y que tiene la ventaja de que no es muy caro, aunque a primera vista sí lo parezca, y es bastante abundante.

No obstante, aún le queda camino por recorrer, aunque podría ser antes de lo esperado teniendo en cuenta que «las técnicas han mejorado, lo que permite trabajar más rápido, y ahora hay más grupos de investigación».

De hecho, aventura que en los próximos años se puede producir una revolución similar con el hierro, «uno de los materiales más abundantes y menos estudiados», del que aún no se han sacado, desde el punto de vista catalítico, todas sus aplicaciones. «Está renaciendo y mi apuesta y la de muchos es que será el gran «boom» de la ciencia», añade.

«LA QUÍMICA ESTÁ VIVA»

Este jueves comienza el 19 Simposio Científico de la Fundación Lilly, donde se reunirán a más de 500 expertos en una cita que, según Echavarren, es la «más importante» que en este área se produce en España. Este año, el encuentro analizará la química orgánica, «una de la áreas de la química más activas en España», apunta Echavarren.

El encuentro contará con la conferencia inaugural del premio Nobel de Química 2010 Ei-Ichi Negishi, uno de los mayores exponente en el conocimiento de la «química del platino», y entre sus objetivos se encuentra mostrar lo mejor que se está haciendo en este área, y para ello se contará con expertos reconocidos y jóvenes talentos.

Para Álvarez-Builla, este encuentro pretende convertirse en un referente, además de ayudar a aumentar entre la población la «conciencia de que la tecnología es la base de la economía». «Este es uno de los campos donde no hace falta que las empresas inviertan sabiendo que luego dan beneficios».

La importancia para el sector farmacéutico radica, además de entre otros incentivos, en la relación de la química y los fármacos, ya que, como recuerda este Echavarren, «los fármacos los diseñan químicos, y son los químicos los motores de la industria farmacéutica». De hecho, los químicos son «arquitectos moleculares», ya que de ellos depende su diseño, por eso asegura que «sin innovación química no hay innovación biomédica».

La química es una de las ciencias más desarrolladas en España, de hecho ha explicado que, dentro del panorama internacional, los químicos españoles están en primera línea muy por delante de otros países del entorno como Francia e Italia, «no solo en lo cualitativo sino también en lo cuantitativo, lo que es sorprendente porque somos muchos más pequeños en cuanto a comunidad científica». Puntualiza, España se encuentra entre los diez primeros países, «en sexto o séptimo lugar».

Esta situación le lleva a afirmar que «la química está viva». «Es una de las industrias que sigue generando empleo en España, hay más trabajo para químicos que en cualquier otra área de la ciencia», advierte, al tiempo que matiza, sobre las perspectivas de futuro de los jóvenes, que es necesario salir de España para trabajar, algo que, apunta, «tampoco es tan terrible porque los científicos deben ver esta disciplina de manera global».

«El problema es que tenemos que ser capaces de ofrecer a los mejores la posibilidad de realizar su trabajo científico en España. Por desgracia, siguen sin darse las condiciones para que éstos se desarrollen de forma independiente. El país está desperdiciando los mejores talentos, lo que es un drama que parece que no importa», concluye.

Por su parte, Álvarez-Builla añade que «España tiene que plantarse que, aunque estamos bien colocados en algunas áreas, pero falta convertir la ciencia y la tecnología que producimos en patentes y negocio». «Es deplorable que tengamos un sistema productivo convencional y poco innovador; hay que traducir el conocimiento en negocio», finaliza.

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