Los adolescentes con riesgo de obesidad muestran mayor actividad cerebral en respuesta a la comida, según estudio

MADRID, 23 (EUROPA PRESS)

Los adolescentes con riesgo de obesidad muestran mayor actividad cerebral en respuesta a la comida, según un estudio del Instituto de Investigación de Oregón en Estados Unidos que se publica en la revista “The Journal of Neuroscience”.

Los investigadores explican que el consumo de alimentos produce liberación de dopamina y que el grado de placer derivado de comer correlaciona con la cantidad de dopamina liberada. Los resultados de estudios anteriores muestran que los humanos obesos en relación a los delgados tienen menos receptores de dopamina (D2) en el cerebro y se piensa que los individuos obesos comen en exceso para compensar los déficits de recompensa.

Sin embargo, un estudio reciente del grupo de investigadores del trabajo actual descubrió que el aumento de peso producía una respuesta mitigada ante el consumo de alimentos sabrosos, lo que sugería que comer en exceso podría conducir a una menor recompensa procedente de los alimentos, en vez de representar un factor de vulnerabilidad inicial.

Los investigadores emplearon imágenes de resonancia magnética para comparar la respuesta neural a las recompensas de comida y económicas en adolescentes delgados con riesgo de obesidad en comparación con adolescentes delgados sin este riesgo. Los resultados sugieren que la vulnerabilidad inicial que da lugar a la obesidad podría elevarse en vez de mitigarse en el circuito de recompensa cerebral.

Los participantes del estudio eran 60 adolescentes delgados. Los adolescentes bajo alto riesgo eran niños con los dos padres obesos o con sobrepeso. Los adolescentes de bajo riesgo tenían dos padres delgados. Los primeros mostraron cuatro veces más riesgo de inicio de obesidad en comparación con los segundos.

Los investigadores utilizaron imágenes cerebrales para examinar la extensión a la que el circuito de recompensa como el estriado dorsal se activaba en respuesta al consumo individual y anticipaba el consumo de los alimentos sabrosos como el batido de chocolate.

Los autores también emplearon otro paradigma para evaluar la activación cerebral en respuesta a recibir y a la recepción anticipada ante el dinero. La recompensa monetaria es un refuerzo general y ha sido utilizada frecuentemente para evaluar la sensibilidad a la recompensa. Los jóvenes con un alto riesgo mostraron una mayor activación en el circuito de recompensa al recibir tanto recompensa alimentaria como económica, así como una mayor activación en las regiones somatosensoriales en respuesta a recibir comida.

Según señala Eric Stice, director del estudio, “los resultados son sorprendentes, sugieren que la vulnerabilidad inicial a comer en exceso podría ser una respuesta elevada del circuito de recompensa ante el consumo de alimentos. El hecho de que las mismas regiones de recompensa mostraran mayor respuesta ante la recompensa monetaria es nueva e implica que los individuos bajo riesgo de obesidad muestran mayor respuesta ante la recompensa en general. Estos descubrimientos parecen desafiar la teoría ampliamente aceptada de que es un déficit en la recompensa lo que aumenta la vulnerabilidad a comer en exceso”.

El equipo de Stice también descubrió que los jóvenes bajo riesgo mostraban una respuesta excesiva de las regiones somatosensoriales ante el consumo de alimento, que juega un papel clave en la detección del contenido de grasa de la comida. Estos resultados sugieren que los individuos que son particularmente sensibles a la detección de los alimentos con alto contenido en grasas podrían estar bajo un riesgo único de comer en exceso.

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