Investigadores españoles demuestran cómo los trastornos afectivos perjudican el aprendizaje y la memoria

MADRID, 21 (EUROPA PRESS)

Investigadores de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha demostrado cómo los desórdenes afectivos en la edad temprana afectan al desarrollo de determinadas estructuras nerviosas e influyen, a largo plazo, sobre las funciones que ellas regulan.

El trabajo, que publica Plataforma Sinc y recoge Europa Press, se basa en diversos estudios llevados a cabo en ratas, un animal que tiene, en sus dos primeras semanas de vida, una etapa fundamental en el desarrollo del cerebro.

Según explican sus autores, durante este periodo crítico las crías tienen disminuida su capacidad para responder a estímulos estresantes que podrían alterar el desarrollo del cerebro.

Generalmente, la madre se encarga de elaborar un entorno apropiado mediante sus cuidados y la carencia de éstos supone un estrés para las crías. Es precisamente la falta de este entorno de protección la que el grupo de investigación ha inducido en sus trabajos para la generación de estrés, separando a la madre de sus crías varias horas al día durante sus dos primeras semanas de vida.

Los resultados de la investigación revelan que las manifestaciones a largo plazo del estrés postnatal presentan dimorfismo sexual. De hecho, mientras que las hembras parecen no estar afectadas por el estrés sufrido tras el nacimiento, los machos sí lo están, y de manera diferencial en distintas etapas de su vida.

Así, las ratas adolescentes que han sufrido separación materna tienen su capacidad de memoria espacial disminuida, pero, sin embargo, en la edad adulta esta memoria está favorecida.

La memoria espacial, señalan los expertos, es una capacidad que depende del correcto funcionamiento del hipocampo, una región cerebral en la que las neuronas poseen una enorme plasticidad sináptica, que es la base del aprendizaje.

“Estas capacidades dependen de la acción a nivel molecular que producen diversos aminoácidos que actúan como neurotransmisores en esta área cerebral. Estos sistemas de neurotransmisión sufren también modificaciones en su actividad debidas al estrés postnatal”, añaden.

EL ESTRÉS POSTNATAL ALTERA LA TAURINA

Una de estas sustancias es la taurina, conocida por ser un componente habitual de las bebidas energéticas y estar contenida en una gran variedad de alimentos. Sin embargo, también está presente de forma natural en el organismo de los mamíferos, que lo incorporan con la dieta y pueden sintetizarlo en determinadas áreas de su cerebro.

A pesar de que aún no se conoce exactamente cuál es su papel como modulador en el sistema nervioso, los estudios realizados por este grupo de investigación indican que la taurina sufre alteraciones a largo plazo en sus niveles, como consecuencia del estrés postnatal.

“Este estudio”, concluyen sus autores, “supone una nueva perspectiva a la hora de abordar el estudio de las consecuencias perjudiciales del estrés postnatal. Ya se conocen algunos de los efectos que las situaciones de estrés tienen en la edad adulta; en muchos casos se ha visto una mayor predisposición a desarrollar esquizofrenia, estados depresivos y problemas de adicción de varios tipos”, concluyen.

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