Analizan los procesos psicológicos que conducen a imprudencias en las carreteras

MADRID, 24 (EUROPA PRESS)

Un grupo de científicos de la Facultad de Psicología de la Universidad de Salamanca han puesto en marcha un proyecto que pretende analizar los procesos psicológicos que hay detrás de las actitudes de riesgo a la hora de conducir. El objetivo es determinar las causas de que una persona al volante menosprecie acciones arriesgadas como el exceso de velocidad o la ingesta de alcohol, o de que muestre una inseguridad excesiva a la hora de conducir. Con estos datos, los investigadores esperan elaborar un “programa de intervención” entre los conductores que acuden a las autoescuelas para recuperar puntos del carnet de conducir.

La idea del proyecto es analizar “la parte emocional y cognitiva de las actitudes de riesgo”, resume el profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de Salamanca y autor principal de la investigación, Carlos Hugo Criado del Valle en una información de la Plataforma SINC recogida por Europa Press.

“Queremos analizar a los sujetos que van a clases en la autoescuela a recuperar puntos para evaluar su aspecto cognitivo y emocional y ver cómo explican las actitudes de riesgo que han tenido. Así, en futuras intervenciones se podrán tener en cuenta estos tipos de pensamientos, anticipaciones y creencias, que se podrían tener en cuenta en los cursos de reeducación”, explica Criado del Valle.

Los investigadores analizaron los procesos psicológicos de un grupo de jóvenes de entre 18 y 23, ya que según las encuestas de la Dirección General de Tráfico (DGT) es el colectivo con mayores actitudes de riesgo. Para ello, se apoyarán en ejercicios experimentales que tratan de simular situaciones psicológicas a las que se puede ver sometido un conductor. Tras poner a prueba los instrumentos con un grupo piloto de entre 20 y 30 personas jóvenes, la investigación pasará a realizarse en las autoescuelas.

PARA FUTURAS INTERVENCIONES PSICOLÓGICAS

Con todo ello, los especialistas pretenden realizar diseños experimentales de cara a futuras intervenciones psicológicas en las personas que presentan estas conductas de riesgo al volante. “La inducción de un estado de ánimo determinado modificaba ese tipo de pensamiento”, afirma otra de las investigadoras del proyecto, María del Mar González-Tablas Sastre.

“En una persona optimista, -prosigue la especialista- si induces un estado de ánimo positivo, el sujeto cree que todo lo puede hacer. En una persona pesimista, si se induce un pensamiento negativo, la persona cree que no puede hacer nada. Es la vinculación de la emoción con la cognición. Sin embargo, si a un pesimista se le induce un estado de ánimo positivo, se le encarga una tarea y obtiene buenos resultados, ese pensamiento se modifica, siempre que vea que se debe a su esfuerzo y no al azar”.

Como consecuencia, un optimista minimiza los riesgos y piensa que no sucederá nada si bebe más de lo debido. Sin embargo, “los pesimistas son más conservadores a la hora de conducir, pero también más inseguros”, de manera que “las conductas de riesgo se pueden dar en las dos vertientes”. advierte González-Tablas.

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