Estudiarán diez playas de Huelva y Cádiz a través de sus invertebrados

SEVILLA, 14 (EUROPA PRESS)

Investigadores de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) de Sevilla, liderados por el catedrático Francisco José García García, trabajan en la evaluación del estado ambiental de diez playas andaluzas –entre Ayamonte y Tarifa– en un estudio de la macrofauna de invertebrados y su relación con parámetros ambientales.

A través del proyecto de excelencia “Estructura de las comunidades y zonación de la macrofauna en playas arenosas de Andalucía Occidental. Efecto de gradientes de presión causados por la actividad humana sobre la macrofauna”, los expertos analizarán el grado de modificación en la composición y zonación para detectar así alteraciones en las poblaciones como consecuencia de la acción humana.

“El trabajo se plantea en dos niveles de actuación: estudio de la comunidad de macrofauna, tanto desde el punto de vista espacial como espacio-temporal, y estudio de relaciones tróficas de invertebrados intermareales”, aclara el responsable del proyecto en declaraciones a Andalucía Innova. Con respecto a esto último, el investigador señala que las relaciones que se establecen entre los distintos organismos que constituyen la comunidad de las playas son normalmente variadas y complejas.

Es por ello que el estudio de las relaciones tróficas de invertebrados se centrará sobre el molusco gasterópodo Cyclope neritea, especie de hábitos carroñeros habitual en muchas playas de Andalucía, cuya abundancia y actividad está muy relacionada con la disponibilidad de alimento. De este modo, se pretende determinar la distribución, actividad y preferencias de presas de esta especie en función de la diferente disponibilidad de alimento, tanto de origen natural como influida por la actividad humana en las playas.

“En definitiva, la realización de este proyecto viene a atender las necesidades de evaluar las consecuencias de las interferencias antropogénicas en las playas y los riesgos que tales sistemas sufren con la falta de normas específicas para la protección de su biodiversidad y de su equilibrio biológico. Se debe pues considerar la aplicación práctica de este proyecto para la determinación de medidas de gestión en la ocupación racional de las áreas litorales”, concluye el investigador.

Las playas andaluzas están poco estudiadas en cuanto al funcionamiento de las comunidades de la macrofauna en relación con características físico químicas. Por ello, además de conocer la estructura y zonación de las poblaciones, es necesario determinar el estado morfodinámico de las playas y variables ambientales que permitan comprobar los patrones de distribución de las especies.

Para el estudio espacial de la comunidad se propone el seguimiento de diez playas distribuidas a lo largo del litoral occidental de Andalucía, desde Isla Canela (Ayamonte-Huelva), en las proximidades de la frontera con Portugal, hasta la playa de los Lances (Tarifa-Cádiz), en las proximidades del Estrecho de Gibraltar. Todas ellas comparten como características comunes que son playas arenosas y están próximas o incluidas dentro de parajes naturales bajo alguna figura de protección y sometidas a fuerte impacto humano, especialmente presión urbanística. Las playas seleccionadas en el litoral de Huelva son: Isla Canela, La Antilla, El Cruce (Punta Umbría), Mazagón y Matalascañas-Doñana. Las pertenecientes al litoral de Cádiz son Valdelagrana, La Victoria, Conil, Barbate y Los Lances.

El estudio temporal de la composición de la comunidad de macrofauna se centrará en la Playa de Levante en el Puerto de Santa María (Cádiz). Para ello se delimitarán tres grandes áreas de actuación a lo largo de la playa: zona urbanizada, zona de transición, con acceso moderado y zona protegida. En cada área se desarrollará una metodología similar al estudio espacial durante cuatro muestreos coincidentes con las estaciones del año.

Esta playa forma parte de la Península de Los Toruños, declarada Parque Metropolitano y espacio natural integrado en el Parque Natural Bahía de Cádiz. Está formada por una flecha mareal de 7,2 kilómetros, la cual en su zona más septentrional se encuentra asentada una zona urbanizada que ocupa unos 1,6 kilómetros (Valdelagrana) mientras que en los restantes cinco comprende una zona natural cuyo acceso en la actualidad sólo es posible andando o en bicicleta. “Se establece, por tanto, un gradiente de afluencia humana visible, que se hace máximo en la zona urbanizada y disminuye conforme nos alejamos de la misma”, subraya.

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