MADRID, 23 (EUROPA PRESS)

Investigadores de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, aseguran que las exigencias y las preocupaciones familiares conllevan un importante riesgo para la salud ya que pueden duplicar o triplicar el riesgo de angina de pecho, dolencia precursora del infarto, según informa el «Journal of Epidemiology and Community Health».

Dichas conclusiones se desprenden de un estudio realizado entre 1999 y 2006, en el que se analizó durante seis años la salud cardiovascular de más de 4.500 hombres y mujeres sanos de entre 40 y 50 años seleccionados al azar.

Al inicio del estudio ninguno de los participantes presentaba problemas de corazón y, seis años más tarde, se recopiló información sobre su salud cardiaca, al tiempo que completaron un cuestionario para conocer la calidad de sus relaciones personales con su pareja, hijos, familiares, amigos y vecinos.

De este modo, los resultados mostraron que, después de seis años, casi uno de cada 10 hombres y mujeres (9,5% y 9,1%, respectivamente) sintió molestias u opresión en el pecho, síntomas habituales de la angina de pecho, siendo más frecuente en las personas de 50 años.

Sin embargo, al comparar la incidencia de esta dolencia con la situación personal de cada participante, observaron que aquellos que tenían problemas o tensiones con su hijo tenían el doble de riesgo de padecer angina de pecho, mientras que cuando los problemas eran con la pareja el riesgo era 3,5 veces mayor.

Cuando existía una preocupación excesiva o alguna tensión con algún otro miembro de la familia el riesgo era casi el doble. Por contra, los problemas con los amigos con los vecinos planteaban un riesgo insignificante.

Además, cuanto mayor era el grado de preocupación o la tensión en la relación, mayor era la probabilidad de padecer alguno de los síntomas característicos de la angina de pecho.

Por otro lado, cuando estas tensiones llevaban a discusiones continuas, el riesgo de padecer esta dolencia se incrementaba un 44 por ciento si era con la pareja, aunque en cambio no era significativo si se producía con un hijo, amigos y parientes más lejanos.

En el estudio, asimismo, no percibió diferencias cuando se tenían en cuenta otros factores influyentes, como el tabaquismo y la falta de ejercicio.

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