BILBAO, 15 (EUROPA PRESS)

El Centro de Investigación Cooperativa en Biociencias del País Vasco, CIC bioGUNE, ha patentado un novedoso sistema que puede contribuir a paliar los síntomas de una de las enfermedades raras más agresivas, la porfiria eritropoyética congénita, más conocida como enfermedad de Gúnther y, al mismo tiempo, estudia la posibilidad de desarrollar un fármaco que mejore la calidad de vida de los pacientes que padecen esta patología.

La porfiria eritropoyética congénita o enfermedad de Gúnther, está considerada como una enfermedad extremadamente rara (200-300 casos en el mundo), y una de las más agresivas dentro de la «familia» de la porfiria. La porfiria es un grupo heterogéneo de enfermedades metabólicas con diferentes «apellidos», en función de la enzima dañada. Los síntomas que provocan son comunes, y existe una carencia de tratamientos eficaces contra esta enfermedad.

Para conocer esta enfermedad la clave está en lo que se denomina la «biosíntesis del grupo hemo», que es una molécula que, entre otras funciones, tiene la característica de fijar el oxígeno en la sangre, según han explicado desde el centro de investigación.

El grupo hemo es un grupo prostético que forma parte de diversas proteínas, como la hemoglobina, que se halla en los eritrocitos de la sangre, con la función de almacenar y transportar oxígeno molecular de los pulmones hacia los tejidos y dióxido de carbono de los tejidos periféricos hacia los pulmones. Los grupos hemo son los responsables por ejemplo del color rojo de la sangre.

El grupo hemo no se ingiere en la comida, sino que se sintetiza. Esta síntesis es el resultado de un complejo proceso de producción del organismo a través de una cadena de enzimas encargadas de transformar unas moléculas en otras hasta que al final se produce este grupo hemo. Basta con que falle un elemento de esa cadena –una enzima–, para que toda la producción de hemo resulte alterada.

Si falla el grupo hemo en el organismo se sufren síntomas como anemia hemolítica -al no tener el mencionado grupo hemo no se puede capturar el hierro que a su vez captura el oxígeno-, problemas en la piel, etcétera. Y según cuál sea la enzima que ha fallado en esta cadena de producción, derivará en un tipo u otro de porfiria, con una mayor o menor agresividad. En el caso de la Enfermedad de Gúnther se ha dado con la variante más grave de todas las existentes en esta familia de la porfiria.

La enzima sobre la que se interviene en este estudio liderado por el laboratorio del doctor Oscar Millet en CIC bioGUNE se llama uroporfirinógeno III sintasa (UROIIIS). «Si esta enzima falla la cadena se para en ese punto concreto. El sustrato de dicha enzima es muy inestable y se descompone espontáneamente a otro compuesto que se acumula en el cuerpo. No hay manera de desprenderse de él. Por lo tanto, cuando tienes la deficiencia de esta enzima se crea un impedimento de la ruta natural y una acumulación de un catabolito», afirma el doctor Óscar Millet, responsable del proyecto patentado por CIC bioGUNE.

Los síntomas de esta enfermedad se presentan ya en los primeros meses de vida. El primer signo que alarma es el color rojo de la orina en los bebés y una sensibilidad extrema a la luz solar que desde la infancia se manifiesta con lesiones dérmicas en las zonas expuestas. Las erosiones y las cicatrizaciones reiteradas pueden terminar originando atrofia epidérmica, esclerodermia, retracciones y destrucciones óseas y cartilaginosas, más acusadas en el rostro y en las manos.

En este sentido, la hipótesis de trabajo del doctor Millet propone inhibir parcialmente la enzima precedente (la porfobilinógeno deaminasa) a la enzima afectada para, sin repercutir en el flujo de la ruta que aún funciona, se reduzca la acumulación del catabolito tóxico, que es el que provoca los síntomas secundarios que derivan en la enfermedad de Ghúnter.

«Lo que proponemos es la inhibición de la enzima anterior parcialmente para que no se acumule este organismo, por lo que se busca regular la ruta en un paso anterior a la enzima, que no afecte al flujo de lo que ya existe y que no produzca más de lo que es estrictamente necesario», explica Oscar Millet.

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