PAMPLONA, 12 (EUROPA PRESS)

«El aumento desde el punto de vista epidemiológico de las infecciones invasivas por hongos se debe a los avances de la medicina. Actualmente existen tratamientos más agresivos y técnicas más invasivas que favorecen estas infecciones». Así lo afirmó en Pamplona el doctor Claudio Viscoli, catedrático de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Génova (Italia) y director del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital San Martino de la ciudad transalpina.

Claudio Viscoli intervino como ponente en una jornada sobre «Actualización del tratamiento de la infección fúngica invasiva en el paciente pediátrico», celebrada recientemente en la Clínica Universidad de Navarra, y organizada por el Departamento de Pediatría de este centro y por el Servicio de Pediatría del Complejo Hospitalario de Navarra.

La infección fúngica invasiva está producida por hongos, microorganismos de tipo oportunista, que habitualmente se encuentran en las mucosas del cuerpo humano. En situaciones de inmunodeficiencia, generalmente dentro del ámbito hospitalario, estos hongos pueden convertirse en invasivos y generar infecciones que llegan a poner en riesgo la vida del paciente, según ha informado la Clínica.

En cuanto al tratamiento, según se puso de manifiesto en la jornada, desde 2002 se dispone de distintos fármacos para combatir estas infecciones, que pueden clasificarse en cuatro grupos de medicamentos: anfotericina B, triazoles, equinocandinas y combinaciones terapéuticas.

El especialista indicó que los microorganismos más frecuentes que provocan estas infecciones son un tipo de levadura denominada cándida y una clase de hongo filamentoso llamado aspergillus. «Existen otros hongos filamentosos emergentes considerados peligrosos como los mucorales y fusarium», dijo, para añadir que «además, debido a las corrientes migratorias, nos estamos encontrando en Europa con la aparición de enfermedades fúngicas que desconocemos y son endémicas en otros países, como un caso reciente que hemos tratado en nuestro hospital de un paciente aquejado de una histoplasmosis sistémica».

Preguntado por el tipo de pacientes pediátricos más vulnerables a estas infecciones, Viscoli indicó que en general, los que tengan alterado su sistema inmunitario, es decir que se encuentren inmunosuprimidos. «Son los casos de niños nacidos con un bajo peso extremo, enfermos de leucemia, pacientes que han recibido un trasplante de órgano sólido o de médula ósea y los niños que se encuentran internados en unidades de cuidados intensivos, bien de infantiles o de neonatos», agregó.

Sobre las líneas en las que se investiga actualmente sobre la infección fúngica invasiva, apuntó que «son fundamentales los avances en el diagnóstico porque los antiguos sistemas de diagnóstico no funcionaban de forma totalmente correcta y eran muy poco sensibles».

«En este tipo de pacientes, debido a las patologías que padecen, no pueden emplearse sistemas diagnósticos invasivos, como una biopsia o un aspirador bronquial. Dada su situación de debilidad, el hecho de tratar de diagnosticar una infección de este tipo puede empeorar el estado del paciente. Se está trabajando en el diagnóstico mediante antígenos de los hongos en suero y en otros fluidos corporales, la espectrofotometría y, en un futuro, se usarán técnicas de biología molecular como la reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés)», añadió.

En cuanto a la evolución de la epidemiología de estas infecciones, el experto indicó que se aprecia un crecimiento desde el punto de vista epidemiológico de las infecciones invasivas por hongos que se debe a los avances de la medicina. «Actualmente existen tratamientos más agresivos y técnicas más invasivas que favorecen estas infecciones. Por tanto, aparecen en pacientes que hace años no llegaban a presentarlas porque fallecían antes. Así, se trata de un problema de la medicina moderna en países desarrollados. Por ejemplo, este tipo de infecciones no tienen la misma importancia en África porque allí el problema es el VIH», precisó.

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