BARCELONA, 15 (EUROPA PRESS)

Un dispositivo desarrollado por la Fundación Clínic del hospital barcelonés mejorará las condiciones de conservación de los hígados “ex vivo” –que se conservan fuera del cuerpo humano– destinados a un trasplante, y permitirá aprovechar el 75 por ciento de los órganos que con los medios tradicionales de conservación en frío no son aptos para el citado trasplante.

Tras un período de investigación básica de cinco años, el dispositivo de perfusión hepática normotérmica, patentado por la Fundación Clínic, se ha probado con éxito en cerdos, y ahora la fundación ha firmado un contrato para su desarrollo con el laboratorio Grifols, que establece las bases para adaptar su uso en humanos y llevarlo hasta ensayos clínicos que validarán su uso.

La novedad que aporta el dispositivo es que el hígado puede ser conservado en condiciones muy parecidas a las fisiológicas, en lugar de quedar aislado en una nevera. Además, gracias a un sofisticado sistema de sensores permite analizar el estado funcional del hígado, inculso administrarle citoprotectores que optimizarán las condiciones del injerto.

Según destaca el investigador principal de la patente, el especialista senior del Servicio de Cirugía General y Digestiva del Clínic e investigador del CIBER de Enfermedades Hepáticas y Digestivas, Constantino Fondevila, esta aplicación podría convertirse en el primer avance importante en más de 20 años en la conservación de tejidos entre la donación y el trasplante.

De hecho, las listas de espera para recibir un trasplante de hígado crecen incluso en España, que es el país europeo con mayor índice de donantes, con 39 por cada millón de habitantes.

Se trata por ejemplo de hígados procedentes de donantes a corazón parado, personas mayores u órganos grasos que, al no disponer de la tecnología adecuada de conservación “ex vivo” –fuera del cuerpo humano– no pueden utilizarse para un trasplante.

Actualmente, los hígados se conservan en frío durante el tiempo transcurrido entre la extracción del órgano y su implante. Este intervalo de tiempo debe minimizarse tanto como sea posible para evitar daños en el tejido, y en ningún caso puede superar las 12 horas.

Las investigaciones comenzaron en 2005, cuando Fondevila encabezó un proyecto FIS financiado por el Ministerio de Sanidad que sentó las bases del funcionamiento y los requisitos técnicos del dispositivo.

El contrato firmado con Grifols establece un marco de colaboración público-privada, cuyo programa se desarrollará en cuatro fases: estudios de bioingeniería, con animales de experimentación, análisis con órganos rechazados para el trasplante humano y ensayo con todas las garantías de seguridad en trasplantes reales

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