Nueva estrategia genética contra el cáncer de mama

MADRID, 6 (EUROPA PRESS)

Una nueva terapia diseñada para atacar los tumores en pacientes con una mutación en los genes BRCA1 o BRCA2 ralentiza el crecimiento de los tumores en el 85 por ciento de los pacientes con cáncer de mama avanzado que participaron en un pequeño estudio realizado por investigadores de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos), cuyos resultados de publican el martes, 6 de julio, en “Lancet”.

Según la coautora del estudio Susan M. Domchek, profesora adjunta en la Facultad de Medicina de Pensilvannia y directora del Programa de Evaluación del Riesgo del Centro de Cáncer Abramson de dicha universidad, “esta es la primera vez que hemos sido capaces de ver la razón genética por la que un paciente desarrolló un cáncer y convertirlos en una diana terapéutica”.

“La mayor parte del tiempo observamos qué es lo que está ocurriendo dentro del tumor y después decidimos cómo atacarlo. Sin embargo, en esta situación, todas las mujeres tienen una mutación hereditaria en los genes BRCA1 o BRCA2 y podríamos aprovechar esa debilidad del tumor. Se trata de una estrategia que podría causar menos efectos secundarios a estos pacientes”, asevera.

Este nuevo agente, denominado olaparib, inhibe una proteína denominada poli (ADP-ribosa) polimerasa (PARS). Tanto PARP como la proteína BRCA están implicadas en la reparación del ADN y aunque las células parecen ser capaces de actuar sin una u otra, inhibir la PARP en un tumor que carece del gen BRCA es demasiado para las células, lo que hace que mueran.

“Si sometes a las células cancerígenas a mucha presión, no pueden manejarla y se derrumban”, asegura Domchek. Como las células no tumorales en un paciente sin la mutación hereditaria del gen BRCA todavía conservan una copia normal del gen BRCA, ellos se mantienen relativamente inalterables por la inhibición del PARP.

“Estos fármacos pueden ser muy potentes en las células tumorales y mucho menos tóxicos para las células normales. Esto es importante desde la perspectiva del tratamiento del cáncer”, añade Domchek.

Este estudio internacional contó con la participación de 54 pacientes, que fueron divididos en dos grupos. En el primero, 27 mujeres recibieron 400 miligramos de olaparib oral dos veces al día y el segundo grupo, también de 27 pacientes, recibió 100 miligramos de olaparib por vía oral también dos veces al día.

La dosis mayor mostró más actividad contra la enfermedad, con un paciente (4%) que presentó una resolución completa de su tumor y 10 (37%) que mostraron una importante contracción del tumor. Otros 12 pacientes (44%) vieron estabilizarse su enfermedad o experimentaron alguna reducción de su tumor, pero no suficiente para ser considerada una respuesta parcial por los criterios estándar. Por su parte, en el grupo de la dosis menor, seis mujeres (22%) demostraron reducciones sustanciales y otras 12 (44%) alguna contracción del tumor o la estabilización de la enfermedad.

Aunque los resultados son buenos hasta el momento, Domchek dice que es necesario realizar más estudios clínicos antes de que olaparib u otros inhibidores de la PARP en desarrollo puedan estar listos para su uso en la práctica regular. “Es importante para los pacientes que participen en estos ensayos clínicos porque necesitamos determinar cuál es la mejor forma de utilizar estas sustancias, solas o en combinación con otros agentes”. “Además, necesitamos establecer definitivamente que son mejores que otros fármacos”, advierte.

Los inhibidores de PARP son una transición en el campo del desarrollo de fármacos para el cáncer. “Esta es una forma diferente de enfocar las terapias para el cáncer”, indica Domchek, para quien, “en Oncología, éste es realmente una de las primeras veces que hemos visto fármacos desarrollados sobre la base de una susceptibilidad hereditaria, lo que puede abrir nuevas vías de tratamiento”.

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