El cambio climático lleva la vegetación mediterránea a los Picos de Europa

GIJÓN/OVIEDO, 24 (EUROPA PRESS)

El catedrático de Ecología de la Universidad de Oviedo, José Ramón Obeso, ha confirmado este jueves en Gijón que ya se están detectando cambios producidos por efecto del cambio climático, como pueda ser la presencia de aves migratorias o vegetación típicamente mediterránea en el parque natural de Picos de Europa, o el incremento altitudinal de los límites del bosque. También hay especies de abejorro o mariposas que habitan ahora a más altitud por el aumento de la temperatura.

Así lo ha explicado durante la presentación en el Jardín Botánico del Proyecto Cambio Global en el Parque Nacional de los Picos de Europa, del que es el investigador principal, y por el que se asentaron las bases de seguimiento de los cambios en la flora y la vegetación debidos al citado cambio climático. En la presentación estuvo acompañado de la edil de Medio Ambiente, Dulce Gallego, y del director del Área de Proyectos de la Fundación Diversidad.

Obeso explicó que cada vez es más común especies de carácter mediterráneo en los Picos de Europa pero también que la migración de las aves se produzca en fechas distintas a las habituales. No obstante, advirtió de que no se tarta de datos sistemáticos. Según él, los efectos por el cambio climático más importantes se notarán hacia el año 2070, aunque añadió que para que puedan ser constatados se precisa de información actual.

Según comentó, los insectos son los más vulnerables al cambio de temperaturas, pero indicó que se dispone de poca información sobre éstos, mientras que ay mucha sobre la vegetación que puede aprovecharse.

Asimismo, señaló que el proyecto de investigación fue posible gracias, en gran parte, a las ocho estaciones meteorológicas situadas en los Picos de Europa, a las imágenes satélite y a la cartografía de la vegetación existente.

A partir de la información conseguida, se estudiará la expansión de zonas arbóreas a mayor altitud, lo que se denomina límite del bosque. En este sentido, indicó que de la comparativa entre la imagen de 1957 y 2007 no se aprecia una variación muy notable, aunque sí áreas con una expansión de la cobertura arbórea, cerca de Bulnes, pero que no tiene que ver con el cambio climático.

También se sentaron las bases de los cambios fenológicos, es decir, de las fechas en las que habitualmente se repiten procesos en la vegetación o migran las aves. Esto se hizo a través de imágenes satélite desde el año 2000, ya que se precisaba que una resolución «muy fina», y hasta la actualidad en periodos quincenales, para fijar una línea base para el seguimiento de la actividad de la vegetación en el futuro, aunque las modificaciones serán más rápidas en la flora.

Además, se marcaron seis parcelas en seis sitios diferentes en las que se hizo un croquis de todas las plantas, de forma que se pueda llevar un control periódico a los cuatro o cinco años y a los diez. En estas parcelas se instalaron termómetros soterrados, a los que se deben cambiar las baterías cada cuatro o cinco años.

En cuanto a los límites del bosque, la comparativa con las imágenes de los ortofotomapas, a escala 1:5.000 que se tomen en los vuelos que se realizan cada dos años, permitirá comprobar la evolución del mismo, aunque apuntó que será necesario discernir si los cambios son por el manejo -como el tipo de ganadería– o por el cambio climático.

Obeso apuntó que lo importante es aunar las voluntades de los muchos investigadores que trabajan en el parque de Picos de Europa. Con este concepto coincidió el director adjunto del Parque Nacional, Miguel Menéndez de la Hoz, quien señaló a Europa Press que la investigación que se realiza es muy importante, aunque abogó por que exista una coordinación entre los diferentes equipos que actúan en la zona y que cuente con el presupuesto preciso para desarrollar un trabajo a muy largo plazo.

Aunque Obeso dirigió el proyecto, éste estuvo coordinado por el equipo científico del Jardín Botánico Atlántico de Gijón, para lo que se contó con la colaboración de 12 investigadores de la Universidad de Oviedo. Principalmente se desarrolló en 2009, dentro de las iniciativas presentadas a la Fundación Biodiversidad, y finalizó en enero de este año.

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