El cerebro cambia en los adultos con insomnio crónico

MADRID, 16 (EUROPA PRESS)

El cerebro de los adultos más mayores con problemas crónicos de sueño es diferente al de los adultos que han disfrutado de suficiente descanso pues, aunque desarrollen bien sus actividades pese a la falta de sueño, cambia a una forma continua de ligero por el que algunas veces actúan incluso mejor que aquellos adultos que duermen bien, según un estudio realizado por la investigadora holandesa Ellemarije Altena, como parte del trabajo sobre el sueño de los Institutos de Neurociencia de la Real Academia Holandesa de Artes y Ciencias.

Altena analizó las causas y consecuencias del insomnio. Para ello hizo que un gran grupo de adultos mayores que sufrían de insomnio realizaran varias tareas. Por ejemplo, tenían que pulsar un botón tan pronto como vieran una estrella en una pantalla; presionar cuando vieran una “a” o una “p” en la pantalla, pero no si veían una “d”; inventar la mayor cantidad de palabras posible de una determinada categoría, por ejemplo “animales”, y palabras que comenzaran por una cierta letra.

Los pacientes con una falta de sueño crónica se manejaron mejor que los del grupo de control en los test simples –por ejemplo, con la prueba de la estrella–, pero de peor manera en la tarea de la “p” y la “d”. Durante el tercer y el cuarto test, al pensar en las palabras, los pacientes con insomnio superaron al grupo de control, realizando mejor estas tareas.

Este investigador examinó la actividad cerebral de los participantes del estudio durante las diferentes tareas. Durante el test de las palabras, la actividad cerebral fue menor en las personas con problemas de sueño que en las del grupo de control en regiones importantes para desarrollar la tarea. Su buena actuación, a pesar de esta circunstancia, se debió a su estado de hiperirritabilidad, una situación similar a un estrés leve pero persistente.

El cerebro de los insomnes utilizó otros mecanismos para compensar su falta de sueño. Se desconoce si la hiperirritabilidad tiene efectos negativos, aunque se sabe que el estrés puede llevar a desarrollar problemas físicos y mentales.

Altena descubrió que el cerebro de los insomnes no sólo funcionaba diferente, sino que tenía un aspecto distinto. La materia gris en ciertas regiones cerebrales tenían una densidad menor. Cuanto peor era el insomnio, menor densidad tenían estas regiones, el cortex orbitofrontal. Esta última observación podría indicar que las anormalidades en la materia gris dan un aumento del riesgo de insomnio. Sin embargo, la reducida densidad de la materia gris no significaría necesariamente que el cerebro funcionase peor pues, en el cerebro, la medida no es el único factor importante.

Seis semanas después de realizar los primeros test, los participantes del estudio repitieron estas tareas. En este intervalo de tiempo, siguieron una terapia de sueño que consistió, por ejemplo, en tomar baños calientes de dos horas antes de irse a dormir, recibir una terapia de luz y lecciones para tener una buen higiene del sueño, entre ellas no comer o ver la televisión en la cama.

Después de que los pacientes realizaran con normalidad en la primera ocasión las dos tareas –la de la estrella y la de las letras–, en la primera tarea tardaron más tiempo y menos en la segunda.

Sin embargo, el nivel de manejo en las tareas tres y cuatro –cuando tenían que inventar palabras– no volvió al nivel normal. Por el contrario, los participantes del estudio la realizaron aún mejor. Para Altena, esto podría deberse a que estos pacientes aún estaban en un estado de hiperirritabilidad. La actividad cerebral parcialmente recuperada en las áreas donde se observó previamente una reducción de la actividad cerebral.

La conclusión del estudio demuestra que los pacientes con insomnio crónico suelen tener problemas con las tareas que toman más tiempo que con aquellas que requieren una decisión.

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