Cada año se detectan más de 3000 casos de cáncer de tiroides en España y su incidencia aumenta por el diagnóstico precoz

MADRID, 17 (EUROPA PRESS)

Cada año se detectan más de 3.000 cáncer de tiroides en España, aunque es una prevalencia baja, su incidencia va en aumento debido a la facilidad que existe actualmente para su diagnóstico precoz, según ha explicado este lunes la doctora Cristina Álvarez, del servicio de Endocrinología del Hospital Universitario de La Paz, en Madrid, con motivo de la celebración el próximo 25 de mayo del Día Europeo del Cáncer de Tiroides.

La doctora ha afirmado que el síntoma más claro es «la aparición de un bulto en el cuello, en la glándula tiroides, que puede provocar molestias para tragar o en casos muy raros para respirar». Algunos pacientes suele presentar también «molestias en el oído, mandíbula o cuello», ha explicado.

Al acudir al médico, mediante una ecografía o una punción aspirativa con aguja fina se puede confirmar que se padece la enfermedad. Normalmente, el diagnóstico es precoz y «sólo el 1 por ciento del tipo de cáncer de tiroides más frecuente, el papilar, se realiza en estados avanzados», ha asegurado la especialista.

En este sentido, ha explicado que el carcinoma papilar es el más frecuente y el de mejor pronóstico, de hecho, «sólo tiene una mortalidad del 5 por ciento y, entre el 15 y el 20 por ciento de los casos se vuelven persistentes», ha señalado.

Por otro lado, los más agresivos son el medular y el anaplásico, que «representan el 15 por ciento de los casos y pueden requerir de un enfoque multidisciplinar», ha afirmado.

La doctora ha explicado que el principal factor de riesgo para la aparición de este cáncer son «la radiación con yodo y las dietas bajas en yodo que se dan en algunas zonas». La herencia familiar sin embargo, «no es tan determinante en el papilar, pero sí en el medular, donde se dan un 20 por ciento de antecedentes familiares», ha explicado.

Igualmente, ha señalado que es más frecuente en mujeres, principalmente entre los 30 y 55 años, además ha recordado que «si se detecta antes de los 45 años suele tener un mejor pronóstico».

TRATAMIENTO CON MENOS EFECTOS QUE LA QUIMIOTERAPIA

Acerca del tratamiento, la doctora Mercedes Mitjavila, de la Unidad de Medicina Nuclear del Hospital Universitario Fundación de Alcorcón, de Madrid, ha afirmado que los pacientes «suelen asustarse mucho cuando se les informa de que tras la cirugía deben someterse a una sesión con yodo radioactivo», pero según ha asegurado, este miedo es infundado pues «tiene unos efectos secundarios mucho menores que la radioterapia o la quimioterapia».

La experta ha explicado que según la fase en la que se haya diagnosticado la enfermedad, se da una dosis mayor, durante un tiempo de 4 a 6 semanas tras la cirugía. Durante esta fase, se necesita que el paciente alcance unos niveles elevados de la hormona estimulante del tirodides (TSH) de cara a que el yodo sea bien captado por tejido tiroideo residual y las posibles metástasis».

Para ello, según ha señalado «se puede dejar al paciente en situación de hipotiroidismo, con los inconvenientes que eso conlleva (cansancio, torpeza mental, somnolencia) o se le inyecta la hormona sintética (TSH recombinante)».

Además, Mitjavila ha explicado que los casos de infertilidad tras el tratamiento son muy raros, pero si se recomienda a los pacientes no quedarse embarazadas ni dejar embarazadas a sus parejas en los 4 o 6 meses posteriores al tratamiento. Sin embargo, en algunos casos de tratamientos más largos, «sí se recomienda congelar esperma u óvulos, como en otros tipo de cáncer».

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