Identifican el primer olor capaz de alterar la esperanza de vida

MADRID, 21 (EUROPA PRESS)

Investigadores de las universidades de Michigan, Houston y el Colegio de Medicina Baylor en Estados Unidos han descubierto que el olor del CO2 puede alterar la esperanza de vida en las moscas de la fruta, en concreto, los insectos que no pueden olerlo viven más tiempo. Los resultados del estudio se publican en la revista digital «PLoS Biology».

Los olores específicos que representan alimento o indican peligro son capaces de alterar la esperanza de vida de los animales y el perfil fisiológico al activar un pequeño número de neuronas sensoriales especializadas.

La investigación reciente en modelos animales y humanos ha mostrado que las experiencias sensoriales pueden tener un amplio impacto en características asociadas a la salud como el rendimiento atlético, la diabetes tipo 2 y el envejecimiento.

Los gusanos nematodos y las moscas de la fruta a las que se eliminó su capacidad de gusto u olfato, por ejemplo, vivían mucho más tiempo. Sin embargo, se desconocían los olores y receptores sensoriales específicos que controlan este efecto sobre el envejecimiento.

Los investigadores, dirigidos por Scott Pletcher y Gregg Roman, utilizaron técnicas de genética molecular y manipulaciones ambientales y conductuales e identificaron el dióxido de carbono (CO2) como el primer componente de olor definido capaz de alterar la fisiología y afectar al envejecimiento.

Las moscas que no pueden olor el CO2 viven más tiempo que aquellas con capacidades olfativas normales. Además, estas moscas también son resistentes al estrés y tienen más grasa corporal. Para muchos insectos, incluidas las moscas de la fruta, el CO2 representa un olor importante que indica la presencia de alimento o vecinos con problemas.

Además, este grupo de investigadores mostró con anterioridad que la mera detección de una fuente de alimento normal es capaz de invertir los beneficios para la salud y la longevidad asociados con una dieta baja en calorías. Ahora determinan que el CO2 es el responsable de este efecto.

Según explica Scott Pletcher, «estamos trabajando duro para comprender cómo la percepción sensorial afecta a la salud y nuestro nuevo resultado realmente restringe el campo de juego. De alguna manera, estas aproximadamente 50 neuronas, cuyo principal cometido es detectar el CO2, son capaces de instigar cambios que aceleran el envejecimiento en el organismo».

La percepción sensorial tiene un impacto sobre el envejecimiento en especies que están separadas por millones de años de evolución, lo que sugiere que efectos similares podrían observarse en humanos. «Para nosotros, podría no ser el olor de la levadura, por ejemplo, o el olor del CO2 lo que afecta a cuánto tiempo vivimos, pero podría ser la percepción del alimento o el peligro», señala Pletcher.

Si esto fuera así, apuntan los autores, un programa inteligente de experiencia perceptiva controlada podría ser la base de un simple pero potente programa de prevención de enfermedades y envejecimiento saludable.

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