Las áreas de ocupación de urogallo se redujeron a la mitad en las últimas tres décadas en Asturias

Investigadores y expertos reclaman que se redacte un plan de recuperación de la especie, similar al de Castilla y León

OVIEDO, 18 (EUROPA PRESS)

Las áreas de ocupación del urogallo cantábrico se han reducido un 50 por ciento en el Principado de Asturias en las últimas tres décadas, según datos de un equipo de biólogos e investigadores de la Universidad de Oviedo. En la actualidad, la comunidad cuenta aproximadamente con 300 zonas de exhibición, de las que sólo cien están «ocupadas».

En declaraciones a Europa Press, Mario Quevedo, del área de Ecología de la Universidad de Oviedo y miembro del Instituto Cantábrico de Biodiversidad precisó, sin embargo, que existe un cierto optimismo puesto que áreas del suroccidente asturiano como Degaña, Muniellos y las zonas altas de Cangas del Narcea tienen «más individuos de los que cabría esperar».

Según explicó, se desconocen los motivos exactos que determinan la merma de las poblaciones, porque aunque «hábitat no les sobra», el ecosistema de la Cordillera Cantábrica «no ha cambiado sustancialmente en los últimos años».

En este apartado, aconsejó limitar la presencia de vacas en las zonas boscosas y de monte pobladas por estas tetraónidas, para evitar que ambas especies «compitan por el alimento» y lamentó proyectos empresariales como la apertura de una mina a cielo abierto en el concejo de Degaña, que «no les vienen bien».

Destacó que, aunque existe poca información disponible sobre la especie, los estudios señalan al urogallo como aves potencialmente sensibles a la fragmentación de paisaje y dijo que el declive de la población se ha traducido en el abandono de las zonas forestales más pequeñas, situadas a menor altitud.

En el capítulo de la conservación, consideró que las acciones deberían favorecer el desarrollo del sotobosque, impidiendo el sobrepastoreo para preservar con ello los valores de calidad media del hábitat y la conectividad entre las zonas óptimas. Así mismo, debe obtenerse información acerca de los hábitats de anidada y cría. «De los osos se sabe bastante y se reproducen con éxito, aunque les falta sitio; en el caso de los urogallos no sabemos siquiera si son capaces de producir el número suficiente de huevos para la conservación de la especie», apuntó.

Por todo ello, pidió que se redacte en Asturias un plan de conservación similar al Plan de Recuperación del Urogallo Cantábrico en Castilla y León, publicado en enero de 2009, en el que se plasmen objetivos concretos y los métodos para alcanzarlos. Un plan que es además «obligatorio» cuando se declara a una especie «en peligro de extinción», aseguró.

Mario Quevedo es profesor del Departamento de Biología de Organismos y Sistemas en la Universidad de Oviedo, donde trabaja, junto a otras cuatro personas, en el proyecto «Movimientos, conectividad y respuestas individuales en paisajes fragmentados en la Cordillera Cantábrica».

El estudio, que finalizará en diciembre, persigue revelar aspectos como la fidelidad de machos y hembras a las zonas de exhibición, los movimientos estacionales de los individuos y si existe conexión entre los distintos núcleos de población de urogallo cantábrico.

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