Copenhague.- La cumbre de Barcelona no clarifica si habrá un acuerdo vinculante antes de fin de año

L”HOSPITALET DE LLOBREGAT (BARCELONA), 6 (EUROPA PRESS)

La cumbre sobre cambio climático de Barcelona que concluye hoy lo hará sin despejar la duda sobre si será posible que los diferentes países acuerden un compromiso vinculante, con cifras específicas sobre el porcentaje de emisiones de gases de efecto invernadero que se deben reducir, antes de la cita final de Copenhague en diciembre.

A pesar de ello, las diferentes partes coincidieron en asegurar que la reunión de Barcelona –en la que participaron unos 4.000 representantes de unos 180 países bajo la atenta mirada de más de un centenar de organizaciones ecologistas y 400 periodistas acreditados– sirvió para hacer avances técnicos importantes, siguiendo la premisa de que aún hay tiempo para que los jefes de Estado y de Gobierno rubriquen un compromiso político.

El secretario de ONU sobre cambio climático, Yvo de Boer, señaló que confía que en Copenhague se logre un acuerdo “claro” que permita establecer un “punto de inflexión” sobre una materia cuya importancia, por primera vez, es compartida por todos con la percepción evidente de que es necesario cambiar el modelo actual para no acelerar más los negativos efectos del calentamiento global, una vez venza el Protocolo de Kyoto.

Dicho acuerdo debería incluir un compromiso claro de reducción de emisiones por parte de los países industrializados, en la línea de lo expresado por la comunidad científica, que opina que las emisiones de CO2 deberían reducirse un 50 por ciento para el año 2050, tomando como referencia 1990.

Además, los expertos ya han cifrado en cerca de 100.000 millones de dólares la cantidad necesaria anual necesaria a alcanzar en 2020 para que los países en vías de desarrollo puedan adaptarse a tiempo, aunque nuevamente no se sabe todavía de dónde saldrán dichos fondos.

Y es que es pronto para saber si las piezas de este complicado rompecabezas encajarán, en un contexto en el que los países menos favorecidos, agrupados en el G-77, lamentan la falta de voluntad de los más ricos para llegar a acuerdos, y los ricos –con Estados Unidos a la cabeza– quieren establecer mecanismos claros de control para comprobar que el dinero que aporten sea utilizado correctamente, aún antes de ponerlo encima de la mesa. Mientras tanto, parece haber unanimidad en que lo que se pacte en Copenhague será menos de lo que se quería lograr en un principio.

EE.UU. DESCARTA CIFRAS

En este tira y afloja, EE.UU. descarta por el momento hacer caso a las peticiones de la Unión Europea y de la ONU para llegar a la reunión de diciembre con cifras, ya que eso depende de lo que decida la Cámara de Representantes –recordó el representante estadounidense Jonhatan Pershing–, y parece que la legislación nacional no estará lista antes de fin de año.

Por ello, tal y como expresó la representante española, Alicia Montalvo, la UE siente cierta “frustración”, y lamenta que la cifra del 20 por ciento ofrecida unilateralmente no haya servido para que otros países sigan la misma dirección. De hecho, los Veintisiete congelan por el momento su propuesta de reducir sus emisiones hasta el 30 por ciento, ya que no han encontrado una respuesta positiva a sus planteamientos, y deberán esperar momentos más favorables.

ECOLOGISTAS LAMENTAN FALTA DE COMPROMISO

Las entidades ecologistas, con Greenpeace, Intermón Oxfam y WWF a la cabeza, lamentaron por su parte la falta de compromiso político de los países que acudieron a Copenhague, mientras se multiplican las voces de alarmas sobre la posibilidad de que, para cuando se llegue a un acuerdo, en realidad ya sea demasiado tarde para revertir la situación. Todo ello, aderezado con múltiples y originales protestas día sí y día también frente a las puertas de la Fira Gran Via 2.

El conseller de Medio Ambiente de la Generalitat, Francesc Baltasar, quiso ver el vaso medio lleno al afirmar que la cita de Barcelona fue un “éxito” y que sin ella no sería posible llegar a Copenhague con una posibilidad de acuerdo en el horizonte, aunque también reconoció que se han vivido resistencias en aspectos como la fijación de porcentajes de reducción de emisiones, de las que culpó a la posición de la delegación de Estados Unidos. Su valoración final se quedó en un “levemente optimista”.

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