La predisposición genética no implica mayor riesgo de alcoholismo

MADRID, 27 (EUROPA PRESS)

La constitución genética podría predisponer a beber más pero no tendría por qué aumentar el riesgo genético al alcoholismo, según un estudio de la Universidad de Colorado en Denver (Estados Unidos) que se publica en la revista “BioMed Central Biology”. La investigación identifica los mecanismos genéticos y genes asociados con los niveles de consumo de alcohol pero no con el alcoholismo en ratas y humanos.

Los científicos, dirigidos por Boris Tabakoff, Laura Saba y Paula Hoffman, utilizaron ratas para identificar los mecanismos genéticos que afectan el consumo de alcohol. Descubrieron que el consumo de alcohol en las ratas se asociaba con los mecanismos de placer y recompensa en el cerebro y que también estaba asociado con algunos de los mismos sistemas genéticos que controlan la saciedad y el apetito por la comida.

Después, los investigadores compararon los genes que participan en estos mecanismos asociados al alcohol en las ratas con las versiones humanas de estos genes en dos grupos de estudio en hombres de Montreal y Sídney para identificar los factores genéticos comunes asociados al consumo de alcohol entre ambas especies.

Los científicos descubrieron por primera vez que los genes identificados por su contribución al consumo de alcohol en las poblaciones evaluadas no eran los mismos que los genes que predisponen al alcoholismo.

Según explica Tabakoff, “sabemos que los altos niveles de consumo de alcohol aumentan el riesgo de alcoholismo en aquellos con una constitución genética que predispone a esta dependencia. Este es un caso de interacción entre genes y ambiente”. Los investigadores descubrieron en su estudio que el mayor consumo de alcohol en los humanos se asociaba con la dependencia al alcohol.

“Sin embargo, debido a que diferentes grupos de genes parecen influir en el nivel de consumo de alcohol, en oposición a la propensión al alcoholismo, afrontamos grandes variaciones en los humanos”, añade Tabakoff.

Los individuos con un conjunto de genes que predisponen a beber cantidades moderadas de alcohol podrían seguir teniendo la predisposición genética a perder el control y quizás convertirse en alcohólicos. Por el contrario, los individuos con una predisposición genética a beber grandes cantidades de alcohol podrían no tener los genes que predisponen al alcoholismo.

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