Experto asegura que el amianto de las uralitas «no es cancerígeno» a menos que se golpee o esté en forma de fibra

SEVILLA, 15 (EUROPA PRESS)

El Jefe de la Unidad Toxicológica del Centro Nacional de Verificación de Maquinaria de Vizcaya, Juan Porcel Muñoz, dijo hoy que el amianto, que es un material que mezclado con cemento compone las uralitas, «no provoca cáncer si no está en forma de fibra y en el aire y si no se golpea».

En este sentido, el experto tranquilizó, en una rueda de prensa, a las personas que tienen uralitas en sus casas, pues «no tienen porqué padecer cáncer de pleura –que es la membrana que recubre el pulmón– aunque el amianto es una sustancia altamente peligrosas en otros usos y por eso está prohibida desde hace años».

Así, Porcel explicó que el amianto se utilizó «en grandes cantidades» en el pasado para dotar de un lujo extremo a los edificios, incluso, en el edificio de la Comisión Europea en el centro de Bruselas «se puso tanto amianto que cuando se descubrió su peligrosidad no tuvieron otra solución que tapiar la puerta porque el amianto no se puede desmontar ni demoler».

Al hilo de esto, Porcel comentó que el amianto fue catalogado como «sustancia altamente preocupante» por el Reglamento Rearch, que distingue de este modo a aquellas que revisten «una especial peligrosidad a la salud humana y al medio ambiente porque sus efectos pueden tener un carácter irreversible». Según indicó el experto, «el reglamento se refiere a todas las sustancias químicas y pretende que cualquier sustancia se ponga en el mercado único europeo en condiciones de seguridad y salud».

Asimismo, el experto señaló que las prohibiciones totales «no suelen ser lo más frecuente», sino que normalmente se restringe las sustancias «para determinados usos y sectores», ejemplificando Porcel que «hay algunas cuya venta al público está expresamente prohibidas y sin embargo se sigue manteniendo su uso profesional con las debidas precauciones, porque la Comisión Europea concede en determinadas situaciones una autorización especial a las entidades que considera oportuna».

«Se ha fijado el 31 de diciembre de 2015 como plazo para que las sustancias que el reglamento considera peligrosas se retiren del mercado y se etiqueten, envasen y clasifiquen otros componente que las sustituyan, aunque con letras pequeña se dice que aquellas sustancias que ya estuvieran comercializadas en esa fecha en el mercado –el 99,9 por ciento de las sustancias– se amplía dicho plazo dos años más», según expuso el experto.

No obstante, Porcel explicó que para evitar que las empresas que no hayan podido registrar sus nuevos componentes tengan que cerrar, se les concede «gratuitamente el registro» pero se les «obliga» a su vez a participar en «foros de puesta en común de conocimientos e información» para que se «compartan gastos al investigar».

Por último, apuntó que el reglamento «pretende poner las sustancias en el mercado con absolutas garantías y conociéndolas perfectamente de modo que los avances de la investigación eviten que se comentan los mismos errores a los que ha estado expuesta la humanidad durante mucho tiempo», apostilló Porcel, que participó hoy en un curso dentro del marco de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) en Sevilla.

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