La frecuencia cardíaca de un corredor de encierros taurinos puede llegar a superar sus límites máximos, según estudio

Así lo concluye una prueba efectuada por especialistas de la Clínica Universidad de Navarra a un corredor de los encierros de San Fermín

PAMPLONA, 28 (EUROPA PRESS)

El esfuerzo físico intenso de corta duración y el estrés que provoca correr en un encierro de toros disparan la frecuencia cardiaca máxima del corredor en un tiempo récord y puede llegar a superar sus límites máximos, según las pruebas efectuadas a un corredor por especialistas de la Clínica Universidad de Navarra.

Juan José Martínez, corredor habitual del encierro de toros de San Fermín, de 38 años, participó el pasado 10 de julio en el encierro pamplonés portando un pulsómetro y un GPS. Mientras el pulsómetro medía la frecuencia cardiaca en cada uno de los momentos del recorrido y recogía sus variaciones, el GPS conseguía, vía satélite, situar al corredor dentro del trayecto del encierro en cada intervalo de tiempo, permitiendo calcular su velocidad, informó la Clínica en un comunicado.

La prueba constató que en tan sólo 4 segundos, desde la salida de los toros hasta que las reses alcanzaron posiciones más próximas al corredor, el ritmo cardiaco de Juan José pasó de 124 a 199 pulsaciones por minuto, incrementándose en 75 latidos en tan sólo 4 segundos.

El doctor José Calabuig, especialista del departamento de Cardiología, director del Servicio de Cardiología Intervencionista y profesor de Cardiología y de Medicina del Deporte de la Clínica Universidad de Navarra, se encargó de controlar las constantes vitales del corredor, al tiempo que subrayó que la frecuencia cardiaca máxima ofrece unos parámetros medibles.

Según explicó, el límite al que puede llegar la frecuencia cardiaca máxima de una persona se calcula restando a 220 la edad de dicho individuo. En este caso, la frecuencia cardiaca máxima se establecería en 182. Sin embargo, subrayó, en personas con una forma física buena «ese límite máximo puede sobrepasarse sin que ello suponga un riesgo para su salud».

NERVIOS PREVIOS AL ENCIERRO

Cinco minutos del inicio del encierro el corazón del corredor late ya a 98 pulsaciones por minuto. Juan José es una persona en buena forma física, cuya frecuencia cardiaca en circunstancias normales se situaría entre 50 y 60 pulsaciones por minuto. Pero la proximidad de la carrera delante de las astas acelera su ritmo cardiaco.

En el registro de la frecuencia cardiaca se observa cómo los tres momentos de los cánticos a San Fermín, previos a la salida de los toros, suponen una elevación de la frecuencia cardiaca, ya que después de colocarle el pulsómetro los valores llegan hasta 116, pero enseguida el corredor consigue relajarse y bajar hasta 75 pulsaciones. Sin embargo, tras el primer cántico sube a 118. Después vuelve de nuevo a relajarse y el pulso cae a 75.

Pero es ante el tercer y último cántico cuando la frecuencia cardiaca ya no desciende y se sitúa en 117 pulsaciones hasta la salida de los toros. Suena el cohete y las reses salen del corral. Juan José empieza a correr y los latidos se sitúan en 124. Cuatro segundos después sus pulsaciones alcanzan las 199, es decir, un 10 por ciento por encima de la frecuencia cardiaca máxima que se le ha calculado, situada en 182 pulsaciones por minuto.

Durante los 14 segundos que dura la carrera de Juan José, su ritmo cardíaco no baja de 199 pulsaciones. El esfuerzo físico es importante porque la velocidad máxima que llega a imprimir en algunos segundos es de 32,4 Km/h, sin olvidar que la pendiente en el tramo de Santo Domingo presenta un desnivel próximo al 10 por ciento.

El doctor Calabuig precisó que la superación de la frecuencia cardiaca máxima en un intervalo de tiempo tan corto no se debe únicamente al esfuerzo físico, ya que las necesidades energéticas en ese momento -casi inicial del esfuerzo físico-, quedan cubiertas con frecuencias más bajas. En el encierro lo que se añade es el componente fundamental del estrés, debido al miedo que despierta constatar la proximidad de un toro bravo y el riesgo que supone para la vida del corredor.

«El corazón de una persona que ve venir un toro, aunque no corra, podría llegar a alcanzar su frecuencia máxima sin haberse movido el individuo ni un centímetro», recalcó.

Por ello, el experto concluyó que una carrera en un encierro de toros equivale, prácticamente, a una prueba de esfuerzo, por lo que en su opinión, «todo aquel que corre el encierro debe estar en forma».

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