Los pacientes de cáncer que se separan de sus parejas tienen tasas más bajas de supervivencia, según estudio

MADRID, 24 (EUROPA PRESS)

Los pacientes que padecen algún tipo de cáncer y que se separan de su pareja después de haber sido diagnosticados tienen una tasa de supervivencia más baja que aquellos que están casados, solteros o incluso viudos o divorciados, según los resultados de un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana (Estados Unidos) que publicará en su próximo número la revista «Cancer», de la Sociedad Americana del Cáncer.

Según los autores de esta investigación, esta menor supervivencia puede estar asociada a la tensión que provoque en el paciente la separación, afectando así a su sistema inmunológico y haciendo al paciente más vulnerable al tumor.

Para ello, utilizaron la base de datos sobre Resultados Finales y Supervivencia Epidemiológica (SEER, en sus siglas en inglés) que registra todos los casos de cáncer de Estados Unidos, centrándose en la supervivencia a 5 y 10 años de más de 3,79 millones de pacientes diagnosticados entre 1973 y 2004.

De este modo, los que presentaron la tasa de supervivencia más alta eran los pacientes que estaban casados, con un 63,3 y un 57,5 por ciento a los cinco y diez años de ser diagnosticados. Por contra, los pacientes que se separaron de sus parejas al inicio del tratamiento presentaron una supervivencia de 45,4 y 36,8 por ciento respectivamente.

Mejores perspectivas de futuro presentaban los viudos, con una tasa del 47,2 por ciento (a los cinco años) y un 40,9 por ciento (a los diez), seguidos de los divorciados (52,4% a los cinco años y 45,6% a los diez) y los solteros sin pareja previa, de los que sobreviven más de la mitad (57,3%) a los cinco años de seguimiento y un 51,7 por ciento tras diez años.

Dado que el estudio es observacional, los investigadores abogan por seguir investigando en esta dirección y certificar la importancia de ofrecer apoyo psicológico a los pacientes que se separen parta reducir así la tensión sufrida, señaló el doctor Gwen Sprehn, uno de los autores del estudio.

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