El número de turistas que visitan la Antártida se dispara hasta multiplicar por 9 el de científicos

Cada turista emite 4,4 toneladas de CO2 e incrementa el riesgo de colonización de especies invasoras

MADRID, 3 (EUROPA PRESS)

Alrededor de 45.000 turistas viajan cada año a la Antártida, una cifra que se ha “disparado” en los últimos años hasta multiplicar por 9 el número de científicos que trabajan o se desplazan a esa región por razones científicas (5.000 personas), según el estudio “Valoración del impacto del turismo sobre la Antártida” promovido por la Fundación Abertis y el Ministerio de Ciencia e Innovación.

Así, uno de los autores del estudio, Javier Benayas, destacó durante la presentación del trabajo hoy en Madrid, que a los 45.000 turistas hay que sumar los tripulantes de los barcos que les llevan hasta la región antártica, lo que puede hace crecer el número de visitantes hasta los 70.000 al año, y convierte al turismo en “el principal recurso económico de la Antártida”.

De hecho, la crisis también ha tenido un efecto en las visitas a la Antártida, ya que, si antes un viaje de diez días podía costar unos 6.000 euros como mínimo, tras la crisis, algunos operadores ofrecen descuentos de hasta el 50 por ciento sobre ese precio, destacó Benayas.

Asimismo, el investigador señaló que el modelo de turistas está cambiando en los últimos años, pasando de los primeros turistas que viajaban hasta la Antártida por razones turísticas, a otro tipo de turistas que van a esas regiones por “una cuestión de moda o esnobismo” en “cruceros de lujo de hasta 3.000 personas” que incluyen todo tipo de comodidades y ofertas, como casinos.

En este sentido, el perfil dibujado por el estudio del turista antártico es el de una persona “procedente de sectores sociales con elevado poder adquisitivo y, en general, de edad avanzada” sin una especial sensibilidad por el patrimonio natural del continente.

Cada uno de esos turistas, genera, aproximadamente, 4,4 toneladas de CO2, lo que equivale energéticamente al consumo eléctrico medio anual de un hogar europeo con tres inquilinos. De ese total de emisiones, el transporte marítimo es el causante del 56 por ciento de las emisiones, mientras que el transporte aéreo supone el 44 por ciento restante.

El 74 por ciento de los turistas desembarca en la zona desde buques de 50 a 500 pasajeros, el 14 por ciento lo hacen en grande cruceros de hasta 3.000 pasajeros sin desembarco, y un 9 por ciento visitan la Antártida en vuelos sin aterrizaje.

HAY RIESGO DE IMPORTACIÓN DE ESPECIES.

Además de los efectos directos que produce la presencia humana en el ecosistema, los científicos han detectado otros impactos con “creciente relevancia” con son las alteraciones del comportamiento de la fauna y la flora o la importación de especies invasoras, como microbios que viajan en los alimentos, insectos o semillas.

En este sentido, Peter Convey, de la división de ciencias biológicas de BAS Cambridge, destacó que los humanos traen 100 veces más de especies invasoras que la colonización natural. Así, afirmó que en la Antártida hay unas 200 especies invasoras reconocidas, y subrayó que el nivel de colonización ha llegado a un punto en que en algunas islas subantárticas hay más especies invasoras que autóctonas.

Asimismo, indicó que algunas especies de musgos y líquenes presentes en zonas donde desembarcan los turistas o hay estaciones de científicos tardan “décadas” en recuperarse después de ser pisadas, por lo que instó a “evaluar si el beneficio que se puede conseguir se corresponde con el impacto” sobre el medio ambiente.

Por su parte, Benayas afirmó que los impactos todavía no son “graves e importantes” por lo que se “está a tiempo” de tomar las medidas necesarias para evitar una destrucción mayor del ecosistema. Concretamente, los investigadores recomiendan la implantación de una tasa de 10 dólares por turista con el objetivo de que los impactos se controlen y corrijan mediante la formación de los guías, la inspección y barcos de vigilancia turística.

Actualmente, la IATO (International Association of Antarctic Tours Operators) tiene una serie de normas de autorregulación para preservar la conservación del ecosistema. No obstante, Benayas considera que, aunque esas han funcionado bien, “ahora que el turismo empieza a dispararse el modelo de gestión tiene que cambiar”.

“CRUEL VISIÓN DE DESTRUCCIÓN”.

La secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera, advirtió del riesgo de que la “inquietud por tener nuevas experiencias” lleve a la gente a cometer actos “frívolos o de cruel visión de destrucción del planeta” y se cuestionó que viajar a la Antártida sea “el modo más eficaz” de trasladar la preocupación de la gente por el cambio climático.

En este sentido, se mostró convencida de que hay que “rearmar” las defensas de “ese espacio frágil” patrimonio de la humanidad en donde se acumula el 75 por ciento de las reservas de agua dulce del planeta y abogó por establecer un régimen de regulación “muchísimo más ajustado y exigente a esa actividad turística reciente, pero creciente”.

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