Medicina

Bacterias de la boca y el intestino, implicadas en problemas arteriales

(NC&T) El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Cornell y la de Gotemburgo, Suecia, podría acabar conduciendo a nuevos modos de detectar enfermedades cardiacas y posibilitar la obtención de fármacos que ataquen a estas bacterias para reducir las placas arteriales y la aterosclerosis.

En la aterosclerosis, el material graso responsable de la placa se acumula a lo largo de las paredes de las arterias, donde crece, se endurece (formando depósitos de calcio) y puede finalmente bloquearlas.

Este estudio muestra que las bacterias pasan con relativa facilidad de la boca y el intestino al torrente sanguíneo.

En el estudio se usaron muestras provenientes de la boca, así como otras tomadas de heces (en este último caso para detectar bacterias en el tracto gastrointestinal) de 15 pacientes con enfermedades cardiacas a quienes se les habían quitado placas de sus arterias. También se tomaron muestras de un grupo de control compuesto por 15 individuos sanos que coincidían con los pacientes enfermos en sexo y edad.

Bacterias de la boca
Bacterias encontradas en placa arterial. (Foto: Ian Hewson)
Los resultados de los análisis muestran que bacterias como las de los géneros Veillonella y Streptococcus eran los componentes más abundantes de la microbiota encontrada en las placas. Además, cuando había muchas bacterias de estos dos tipos en la boca, los investigadores hallaban una abundancia correspondiente de las mismas bacterias en las placas arteriales.

Estudios anteriores han proporcionado evidencias de que las bacterias de la boca y el intestino pueden desempeñar un papel indirecto en la formación de placas arteriales, conduciendo a enfermedades coronarias. Otros estudios han mostrado que ciertos ratones, cuyo sistema inmunitario fue alterado de modo que no pudiera detectar las bacterias, eran más resistentes a la aterosclerosis. Eso llevó a los investigadores a sospechar que las placas arteriales se forman en parte como consecuencia de las reacciones inmunitarias del cuerpo a las bacterias.

En el estudio han trabajado Ruth Ley y Omry Koren de la Universidad de Cornell, y Frederik Backhed de la Universidad de Gotemburgo.




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