Medicina

La sangre puede tener un papel oculto en el proceso del pensamiento

(NC&T) "Muchas líneas de evidencia sugieren que la sangre hace algo más interesante que tan sólo entregar suministros", explica el investigador Christopher Moore. "Si modula el modo en que las neuronas transmiten las señales, eso cambia el modelo hoy aceptado acerca de cómo funciona el cerebro". Según la hipótesis de Moore, la sangre no es sólo un sistema de apoyo fisiológico sino que ayuda de un modo más directo a controlar la actividad cerebral. Específicamente, cambios localizados del flujo sanguíneo afectan a la actividad de neuronas cercanas, cambiando el modo en que se transmiten señales unas a otras y regulando así el flujo de información que circula por el cerebro. Los primeros resultados de estudios que se están efectuando en el laboratorio de Moore apoyan este concepto, mostrando que el flujo sanguíneo modula a neuronas individuales. La teoría de Moore tiene implicaciones para el avance en el conocimiento de enfermedades del cerebro tales como la de Alzheimer, la esquizofrenia, la esclerosis múltiple y la epilepsia. "Muchas enfermedades neurológicas y psiquiátricas tienen asociados cambios en la vasculatura", subraya Moore. Es común asumir que los síntomas de estas enfermedades son una consecuencia secundaria de los daños sufridos por las neuronas. Pero Moore y sus colaboradores proponen que algunas de esas anomalías también podrían ser un factor causal en el proceso de la enfermedad. Por ejemplo, las personas con epilepsia tienen a menudo vasos sanguíneos anormales en la región del cerebro donde se desencadenan los ataques epilépticos, y la nueva hipótesis sugiere que este flujo anormal puede inducir el ataque epiléptico. Si es así, medicamentos que modifiquen el flujo sanguíneo podrían proporcionar una alternativa a las terapias actuales.
Proceso del pensamiento
Christopher Moore. (Foto: Donna Coveney)
¿Cómo podría el flujo sanguíneo afectar a la actividad del cerebro además de por la manera tradicional? La sangre contiene factores difusibles que podrían escapar de los vasos afectando con ello a la actividad neuronal, y cambios del volumen sanguíneo podrían alterar la concentración de estos factores. Además, las neuronas y células de soporte podrían reaccionar ante las fuerzas mecánicas que ejercen los vasos sanguíneos al expandirse y contraerse. Por otra parte, la sangre influye sobre la temperatura del tejido cerebral, lo que afecta a la actividad neuronal. Hasta donde llega el conocimiento de Moore sobre otros estudios, la Hipótesis Hemo-Neural ofrece una manera totalmente nueva de ver el cerebro, porque nadie ha incluido el flujo sanguíneo en los modelos de procesamiento de información en ese órgano. Una excepción histórica es el filósofo Aristóteles, que sostenía que el sistema circulatorio era responsable de los pensamientos y emociones.
Pesticidad en el organismo

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