Medicina

¿Podría la belleza contribuir al éxito en nuestras vidas?

"Somos capaces de juzgar el atractivo con una velocidad sorprendente y a partir de muy poca información", expresa Ingrid Olson, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de Pensilvania e investigadora del Centro de Neurociencia Cognitiva. "Parece que los rostros atractivos 'preparan' nuestras mentes para hacernos más propensos a asociarlas con una emoción positiva".

Olson, junto con la coautora Christy Marshuetz, de la Universidad de Yale, estudian los procesos cognoscitivos que hay detrás de un fenómeno muy real: las personas atractivas físicamente tienen ventajas que no poseen las personas poco atractivas.

"La investigación ha demostrado repetidamente que hay tremendos beneficios sociales y económicos por ser atractivo", explica Olson. "Las personas atractivas son mejor pagadas, son consideradas más inteligentes y recibirán mejor atención en la mayoría de las facetas de la vida. Este favoritismo, aunque pobremente comprendido, parece ser innato e intercultural. Los estudios sugieren que incluso los niños pequeños prefieren rostros atractivos".

En su informe, las investigadoras describen tres experimentos para estudiar la preferencia por lo atractivo.

El primer experimento comprobó la idea de que la belleza puede ser evaluada rápidamente, pidiendo a los participantes que evaluasen imágenes de rostros masculinos y femeninos no famosos, tomados de tres anuarios de escuelas secundarias diferentes y de Internet, mostradas muy rápidamente en un monitor.

Aunque los participantes informaron que no pudieron ver los rostros y que sólo pudieron realizar suposiciones en cada intento, en realidad fueron capaces de evaluar el atractivo de esos rostros con precisión.

En su segundo y tercer experimentos, las investigadoras exploraron la noción de "preparación", viendo si una cara bonita hace o no a un espectador más propenso a asociar ese rostro con cualidades positivas. El segundo experimento consistió en la proyección rápida de un rostro en la pantalla, seguida poco después por una palabra en texto blanco sobre una pantalla negra. Se indicó a los participantes que ignoraran el rostro y se les midió cuán deprisa podían clasificar la palabra como buena o mala. Casi uniformemente, los tiempos de repuesta a palabras buenas, como "risa" o "felicidad", eran menores después de ver un rostro atractivo.

Repitieron la prueba en un tercer experimento, esta vez usando imágenes de casas, para ver si la preferencia por la belleza es un fenómeno general o está limitado a estímulos socialmente importantes como los rostros. A diferencia de lo observado con los rostros, los tiempos de respuesta frente a las palabras buenas no fueron menores después de haber visto una casa atractiva.


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