Medicina

Las expectativas sobre el dolor pueden afectar a su intensidad

El estudio ha sido llevado a cabo en la Wake Forest University.

La investigación involucró a 10 voluntarios normales y sanos, que tenían un estimulador de calor aplicado a sus piernas mientras sus cerebros eran examinados con resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI), una tecnología que muestra qué áreas del cerebro están activas.

En una sesión de entrenamiento, los investigadores enseñaron a los participantes a esperar tres niveles diferentes de estímulos dolorosos de calor, después de un intervalo cronometrado. Un intervalo de siete segundos anunciaba un nivel de calor (46 grados centígrados) que producía un dolor débil, un intervalo de 15 segundos precedía a un nivel de calor (48 grados) que provocaba un dolor moderado, y un intervalo de 30 segundos anunciaba un nivel de calor (50 grados) que generaba un dolor severo. Como los estímulos de calor sólo duraban 20 segundos, ninguno de los participantes recibió suficiente para sufrir quemaduras o lesiones en la piel.

Uno o dos días después del entrenamiento, los participantes afrontaron 30 pruebas de calor diferentes, que se supervisaron con la fMRI. Alrededor de la tercera parte del tiempo, los investigadores mezclaron las señalizaciones para los niveles de dolor, con el fin de que los participantes esperaran una temperatura, pero realmente recibieran otra, más alta o más baja.

Cuando los participantes que esperaban el dolor moderado eran expuestos al nivel de calor severo, sus valoraciones de la intensidad del dolor eran un 28 por ciento más bajas que en los ensayos donde esperaban un nivel alto de dolor y realmente lo recibían. Los diez sujetos experimentaron este fenómeno.

Las expectativas de dolor disminuido redujeron poderosamente tanto las sensaciones subjetivas como la activación de las regiones del cerebro relacionadas con el dolor.

Las regiones del cerebro activadas durante las expectativas de dolor se solaparon parcialmente con las activadas durante su percepción, lo que sugiere que hay regiones cruciales del cerebro que permiten a las expectativas conformar el procesamiento de la información proveniente del cuerpo.

El dolor no es sólo el resultado de las señales que vienen de una región dañada del cuerpo, sino que surge de la interacción entre estas señales y la información cognoscitiva única de cada individuo.

La identificación de las regiones del cerebro que pueden permitir a los factores cognoscitivos tales como las expectativas, conformar la información sensorial, podría conducir a la implantación clínica de tratamientos cognoscitivos y conductuales para el dolor.


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