Ingeniería

Energía que crece en los árboles

(NC&T) Un grupo de investigadores del Instituto de Alimentación y Ciencias Agrícolas, de la Universidad de Florida, ha participado en una investigación genética en la que han sido identificados los genes que pueden ser específicamente seleccionados a través del cultivo tradicional para producir variedades de álamo negro con las características perfectas para su conversión eficiente en biomasa combustible.

Este grupo de la citada universidad trabaja ya en procedimientos avanzados para generar bioetanol a partir del álamo negro y de otros vegetales. Por ejemplo, un método desarrollado por el investigador Lonnie Ingram usa bacterias genéticamente modificadas para convertir sustancias de las paredes celulares del árbol en etanol y otros productos químicos de interés. Está colaborando con la Corporación Celunol, establecida en Massachusetts, para construir una factoría que produzca 75 millones de litros de etanol a partir de biomasa, en Jennings, Louisiana, que se espera esté operativa en la primavera del 2007.

La investigación genómica en la que ha participado el grupo de la Universidad de Florida ha revelado 93 genes que pueden ayudar a controlar la producción de estas sustancias de la pared celular. Cultivando árboles con las correctas variaciones de estos genes, los investigadores podrán producir las "cosechas de energía" ideales que puedan ayudar a reemplazar al petróleo en algunos de sus usos más comunes. El álamo negro, un candidato preferencial para ser usado en los nuevos métodos de producción de biomasa combustible, podrá por tanto mitigar la dependencia del petróleo y ayudar a reducir la contaminación.

"No estamos hablando de vegetales genéticamente modificados", matiza John Mark Davis, uno de los tres investigadores de la Universidad de Florida envueltos en las investigaciones genéticas. "Éste es un árbol silvestre, y tiene bastante variación genética natural, para permitirnos obtener el vegetal que deseamos sin necesidad de manipularlo genéticamente".

En ambientes ideales, estos árboles crecen rápido, tanto como 3,6 metros en un año, y pueden alcanzar la madurez en tan poco tiempo como cuatro años. Pero los conocimientos genéticos ahora disponibles gracias a la multitudinaria labor de investigación desarrollada en el marco de la cooperación internacional también pueden servir para conseguir viveros de árboles resistentes que respondan bien ante condiciones desfavorables.

Por supuesto, grandes granjas de álamos negros representarían otra ventaja además de darnos un combustible más limpio y barato. Como todos los vegetales, este árbol absorbe el gas de efecto invernadero más significativo, el dióxido de carbono, almacenando el carbono en su tronco, raíces y suelo adyacente. Básicamente, el álamo negro implicará tener una fuente de combustible para vehículos que ayudará a capturar casi tanto dióxido de carbono como el que producirá indirectamente.


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