Estallido rayos gammaa
Geología

Desentrañando los misterios de un estallido de rayos gamma

Las enormes y súbitas irradiaciones de rayos gamma, como ésta tan colosal del magnetar SGR 1806-20, afectan a nuestra ionosfera baja de una forma masiva. Para los astrofísicos, la colosal llamarada es una ventana a los singulares procesos que operan en una estrella de neutrones. Observaron la irradiación de rayos gamma usando dos observatorios orbitales y se valdrán de los nuevos conocimientos aportados por este evento para afinar sus teorías sobre esos distantes objetos.

En cambio, Umran Inan, profesor de ingeniería eléctrica en la Universidad de Stanford, emplea equipamiento emplazado en tierra para medir ondas de radio de muy baja frecuencia (VLF) que delatan los efectos ionosféricos producidos por las descargas de rayos y otros fenómenos. Él y su grupo de investigadores de VLF en el laboratorio STRL (Space, Telecommunications and Radioscience Laboratory) de la citada universidad, monitorizan continuamente la ionosfera para detectar perturbaciones. No esperaban ver el efecto masivo que el estallido gamma tuvo en nuestro mundo, iluminando la mitad de la ionosfera global, pero gracias a su vigilancia constante, pudieron captar el imprevisto fenómeno.

Vista desde la Tierra, la estrella responsable de la ráfaga de 2004 se encontraba a menos de 5 grados del Sol. Por lo tanto, sus rayos gamma incidieron sobre la cara diurna de nuestro planeta. Lo más notable de este fogonazo es que aún inmerso en el período diurno, con el Sol iluminando la ionosfera, su efecto resultó enorme. Fue, y por mucho, más intenso que nuestra estrella en términos de producción de ionización.

Estallido rayos gammaa
Umran Inan. (Foto: L.A. Cicero)
Más poderosa y brillante que las irradiaciones nocturnas, la diurna inyectó 1.000 veces más energía dentro de la atmósfera. Por suerte, no hay nada similar a este magnetar en nuestro vecindario cósmico. Si lo hubiera, habríamos sido inundados por rayos gamma.

El estallido gamma de 2004 fue más brillante y energético que el Sol, pero duró sólo un breve período. Ionizó la atmósfera alta llegando hasta una profundidad de 20 kilómetros (justo por encima de donde vuelan los aviones). La fotoionización solar no es efectiva a tan baja altura porque la atmósfera es demasiado densa. Sus efectos más intensos en la ionización de la atmósfera (el "pico") duraron unos pocos segundos. El segundo efecto más intenso (la "estela oscilante"), duró cinco minutos. Y el efecto de menor intensidad (el "brillo remanente") duró una hora.

La inesperada irradiación cambió la densidad de iones, a una altitud de 60 kilómetros, de 0,1 a 10.000 electrones libres por cada pie cúbico, un incremento de seis órdenes de magnitud.
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