Meteorito Los Blázquez
Geología

El meteorito de Los Blázquez es de fabricación humana

(NC&T/Boletín Geológico Minero) Así lo revela una investigación publicada en el último número del Boletín Geológico y Minero.

Hasta ahora el pseudometeorito de Los Blázquez se consideraba un ejemplar excepcional. "Tanto por conservarse íntegro como por su supuesto descubridor Casiano de Prado, padre de la Geología de España, ocupa un lugar muy especial en nuestra colección", afirma Rafael Lozano, conservador del Museo Geominero y coautor del estudio. Sus más recientes trabajos de catalogación habían servido para desvelar los secretos del último meteorito que cayó en España en el siglo XX (en la localidad leonesa de Reliegos en 1947) y ahora han descubierto este error histórico.

La composición del meteorito revela que es imposible que fuera hallado por Casiano de Prado, pues se trata de un acero de fabricación humana que empezó a utilizarse dos décadas después del fallecimiento del ilustre geólogo español. Sin embargo, desde su ingreso en la colección en 1945 nadie había dudado del origen del ejemplar, clasificado en el apartado de elementos nativos como un meteorito de hierro-níquel.

Meteorito Los Blázquez
Pseudometeorito. (Foto: Boletín Geológico y Minero)
Medio siglo después, Rafael Lozano y Tomás Martín Crespo decidieron recatalogar la colección para adaptarla a los modernos criterios de clasificación. Y en medio de esa compleja tarea, la primera sorpresa fue que el meteorito de Los Blázquez no era atraído por el imán, como debería suceder si se tratase de un fragmento de hierro-níquel. Al realizar las medidas de susceptibilidad magnética que ayudan a clasificar los meteoritos, se observó que los datos obtenidos relacionaban al supuesto meteorito más con el bronce que con materiales propios de esos cuerpos del espacio exterior.

Para clasificar el meteorito con precisión el siguiente paso fue hacer un pequeño corte en la parte trasera, que no queda a la vista en la exposición, y entonces se produjo una segunda sorpresa: los investigadores no podían serrar el metal. Cuando por fin lo consiguieron, descubrieron que su extraordinaria dureza se debía a unas inclusiones de otros minerales, que son características de un acero industrial usado para construir, entre otras cosas, palas excavadoras. Este acero austenítico tiene la propiedad de que cuanto más se golpea, más se endurece.

Una vez desmitificado su origen, el fragmento metálico de 226 gramos de peso seguirá conservándose en el Museo Geominero, ahora con la etiqueta de 'pseudometeorito'. Tomás Martín Crespo explica que "aunque no se trate de un meteorito, es necesario conservarlo en el Museo como testigo de este peculiar error histórico".
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