Biología

Camuflaje desarrollado por árboles contra un herbívoro ya extinto

(NC&T) Las plantas son atacadas por un sinnúmero de herbívoros y en respuesta a ello han desarrollado una amplia variedad de métodos defensivos, como espinas y productos químicos nocivos, para detener a los depredadores. Por el contrario, los animales con frecuencia utilizan colores para esconderse de sus depredadores o advertir disuasoriamente de sus defensas, pero hasta ahora existía muy poca evidencia de métodos defensivos en los vegetales usando colores.

El investigador principal, Kevin Burns, de la Universidad Victoria en Wellington, Nueva Zelanda, y su equipo, estudiaron las hojas del árbol P. crassifolius, una especie nativa de este país. Esta especie atraviesa por una serie de extrañas transiciones de color durante los procesos de desarrollo, desde la germinación hasta la madurez, y se piensa ahora que la razón de estos cambios es una estrategia defensiva contra un depredador extinto, el moa.

Antes de la llegada de los humanos, en Nueva Zelanda no existían mamíferos terrestres nativos, pero ese era el hogar de los moas, aves gigantes no voladoras, estrechamente relacionadas con los avestruces modernos, y que eran los herbívoros depredadores en la cima de la cadena alimentaria. Sin embargo, los moas fueron cazados hasta su extinción hace 750 años.

El árbol P. crassifolius tiene varias defensas que, según sugiere el equipo, están vinculadas con la presencia histórica de los moas. Las plántulas producen hojas pequeñas y estrechas, que parecen moteadas a la vista humana. Los árboles jóvenes producen hojas más grandes y alargadas, con denticiones parecidas a espinas.

Los colores moteados de las hojas de las plántulas son similares en apariencia a la hojarasca, lo que las habría hecho difíciles de identificar por los moas. La coloración inusual también podía reducir las probabilidades de que los moas percibieran los contornos de las hojas.

Por sus características, las hojas largas y rígidas producidas por el P. crassifolius podrían haber dificultado que los moas las ingiriesen.

La altura máxima a la que el mayor moa conocido llegaba para arrancar hojas era de unos tres metros, y una vez que el P. crassifolius crece por encima de esta altura, produce hojas que son normales en tamaño, forma y color, careciendo de cualquier defensa.




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