Biología

Reemplazar el maiz con hierba perenne reduce el CO2 de los cultivos para biocombustibles

(NC&T) Las plantas emplean la energía solar para convertir el dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera en el carbono orgánico que emplean para crecer. A medida que las plantas mueren y se descomponen, el carbono se incorpora al suelo. El carbono orgánico es un componente importante en la salud de los suelos, e influye sobre los niveles atmosféricos de CO2. Siempre que el suelo es alterado, como por ejemplo cuando la tierra es arada o desprovista de su cubierta vegetal, parte de este carbono regresa a la atmósfera en forma de CO2.

Desde que John Deere inventó el arado de acero, la aplicación en la región central de EE.UU. de la agricultura basada en sembrar de modo ordenado en surcos ha provocado la reducción del carbono de los suelos en aproximadamente un 50 por ciento.

Cualquier debate sobre las consecuencias medioambientales del uso de vegetales para producir combustibles líquidos deberá considerar también en qué medida cada opción afectará al contenido de carbono en los suelos. El contenedor terrestre más grande de carbono está en la tierra. El subsuelo que se extiende hasta un metro de profundidad retiene más de tres veces la cantidad de carbono almacenada en la vegetación y en la atmósfera, de manera que cualquier variación sutil de la cantidad de carbono en los suelos puede tener un impacto enorme sobre la atmósfera y, por ende, sobre el calentamiento global.

En Estados Unidos, cerca del 20 por ciento de los cultivos de maíz son destinados a la producción de etanol.

CO2 de los cultivos para biocombustibles
Evan DeLucia. (Foto: Don Hamerman)
Evan DeLucia, profesor de botánica en la Universidad de Illinois, y los otros autores del nuevo estudio, analizaron estimaciones publicadas sobre los cambios en el carbono orgánico de los suelos en áreas que dejaron de ser tierras naturales o campos agrícolas convencionales para ser convertidas en zonas de cultivo de vegetales bioenergéticos. Se concentraron en el maíz, la caña azucarera, el Miscanthus, el Panicum virgatum y otras hierbas nativas típicas de las praderas. También evaluaron los impactos de recoger y emplear como fuente celulósica de biocombustibles los desechos vegetales que usualmente se dejan sobre el campo cuando se cosecha el maíz.

Su análisis demuestra que convertir tierras nativas (praderas o bosques) a cultivos de caña de azúcar redujo dramáticamente el contenido de carbono orgánico en el suelo, generando un déficit de carbono que podría tardar mucho en corregirse. Mientras que las hierbas perennes añaden carbono al suelo cada año, puede necesitarse todo un siglo para que la caña azucarera restituya a la tierra los niveles de carbono que existían antes de su siembra en suelos vírgenes.

Recoger los residuos de maíz para la producción celulósica de etanol redujo también el contenido de carbono en el suelo. Cuantos más desechos vegetales se recogieron, más disminuyó el contenido de carbono en la tierra.

Sembrar hierbas perennes en tierras de cultivo existentes tuvo los efectos más beneficiosos sobre el carbono de suelo, como pudieron constatar los investigadores.




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