Biología

Las peculiaridades del andar masculino y el femenino

(NC&T) Estos experimentos de percepción han sido realizados iluminando tan sólo las articulaciones de modelos que caminan, y retando a los observadores voluntarios a que identificasen varias características de estas figuras tan ambiguas.

Es algo realmente muy llamativo. Si usted mira a una persona de la que sólo son visibles sus articulaciones, pero que no se está moviendo, le será muy difícil saber qué está mirando. Pero tan pronto como comienza a moverse, de manera casi instantánea ya sabe usted que es una persona, y puede llegar a percibir su naturaleza. Es capaz de decir si es masculina o femenina, joven o vieja, e incluso si está enojada o feliz. Podrá discernir todas estas características sin tener la menor idea de cuál es el aspecto de esa persona, guiándose sólo por sus movimientos al andar.

Muchos estudios anteriores sobre la percepción de los movimientos de personas al caminar han dependido del uso de figuras masculinas como modelos. Uno de estos estudios registró un fenómeno interesante: Aunque los observadores no podían saber si una de estas llamadas figuras de puntos de luz estaba avanzando hacia ellos o por el contrario alejándose, los observadores creían percibir siempre estas figuras como caminando hacia ellos.

Ahora, Rick van der Zwan de la Universidad de la Cruz del Sur en Australia, y sus colegas, han demostrado que esto no siempre es así.

En su estudio, mostraron a voluntarios unas figuras de puntos de luz que representaban una transición gradual desde una mujer muy femenina, hasta un hombre muy viril. A medio camino entre estos extremos había un caminante de género neutro a quien los observadores valoraron como hombre la mitad de las veces, y como mujer la otra mitad.

Sus resultados demuestran que, para la percepción humana, las figuras masculinas que caminan sí parecen acercarse al observador. Las figuras femeninas, en cambio, siempre parecen alejarse de nosotros. Estos resultados son los primeros en demostrar una relación entre la percepción del género a partir de pistas del movimiento biológico, y la percepción de la orientación.

Este mismo patrón emergió sin importar que el observador fuera hombre o mujer, un hallazgo que van der Zwan considera un aspecto importante sobre el comportamiento.

Los datos obtenidos en la investigación sugieren que el movimiento biológico es una pista importante para los organismos sociales que tratan de operar en ambientes donde otras características como las acciones o las intenciones de los demás organismos pueden ser ambiguas. Aunque habrá que estudiar más el motivo evolutivo de esta llamativa percepción, una primera hipótesis apunta al desarrollo de mecanismos de la percepción que sopesan el probable costo de malinterpretar las acciones e intenciones de otros.

Por ejemplo, ante una figura masculina cuya dirección al andar puede ser ambigua si las condiciones de observación no permiten verla mejor, resulta más conveniente determinar que está acercándose, para permitir al observador estar preparado para luchar o huir. De manera similar, para los observadores, y especialmente para los niños, el alejamiento de las hembras puede señalar también una necesidad de actuar, pero por razones diferentes.




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