Biología

Demasiado mansos para nuestro despiadado mundo

(NC&T) Ahora, un equipo de investigadores ha sido capaz de demostrar que la respuesta al estrés inducida por la corticosterona está ausente en los animales sin depredadores, pero también que dicha respuesta puede ser completamente restaurada con la experiencia.

Sin embargo, como los investigadores encontraron, la distancia a la cual los reptiles correrían para escapar al peligro, no aumenta lo suficiente, y eso limita sus posibilidades de escapar con éxito de los depredadores recientemente introducidos.

El estudio fue realizado por científicos del Instituto Max Planck para Ornitología, la Universidad Tufts, la de Ulm, y la de Princeton.

Durante millones de años, las iguanas marinas han vivido sin depredadores naturales. Por eso, en el curso de la evolución han bajado demasiado la guardia y se han vuelto muy ingenuas y confiadas.

Iguanas Islas Galápagos
Iguanas marinas de las Galápagos. (Foto: Silke Berger, Universität Ulm)
La ausencia de depredadores puede conducir a adaptaciones en el comportamiento de los animales insulares. En un período evolutivo largo, los pájaros, por ejemplo, pueden perder su capacidad de volar. Esto podría reducir grandemente su capacidad de escapar si aparecieran nuevos depredadores. En contraste con estos rasgos estructurales, los patrones de conducta, sin embargo, son significativamente más flexibles. En los programas para introducir animales domesticados en la vida salvaje, éstos son entrenados para reconocer a los depredadores y lidiar con ellos. Pese a todo, en bastantes casos es muy difícil predecir la flexibilidad del comportamiento porque se conoce muy poco acerca de los mecanismos fisiológicos subyacentes que controlan conductas como la de escapar.

Thomas Rodl, Silke Berger, Michael Romero y Martin Wikelski querían comprobar hasta qué punto iguanas marinas de diferentes poblaciones con diferentes experiencias frente a depredadores podrían diferir en términos de conducta y respuesta al estrés. Para tal fin, los investigadores llevaron a cabo "experimentos de acoso". Primero, registraron las distancias de escape iniciales de los animales "mansos". Acosaron entonces a los reptiles durante 15 minutos, siempre hasta el punto en el que los reptiles se apartaban y escapaban a cierta distancia (normalmente corta).

Al término del experimento, los científicos capturaron a los animales y les tomaron muestras de sangre para determinar los niveles de corticosterona. Cuando los animales interpretaban la situación como amenazante, la concentración de las hormonas corticosteroides en el plasma sanguíneo se elevaba en sólo unos pocos minutos.

Parece que la función del eje del estrés puede ser conservada incluso a través de largos períodos evolutivos sin presión por parte de depredadores, y que puede recuperar su actividad una vez que la depredación se reinicia. Pero los cambios en las distancias de escape son muy leves e insuficientes. Los investigadores fueron capaces de capturar a los mismos animales hasta seis veces en cuatro semanas, lo que demuestra, dicho en pocas palabras, que no escarmentaban. No debe sorprendernos entonces que la introducción de gatos y perros haya reducido dramáticamente la población de las iguanas marinas en algunas de las islas del archipiélago.


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