Biología

La antiguedad del calzado

El moderno calzado deportivo de alta tecnología, tan ligero y eficiente en su función, poco se parece a las lonjas de cuero que nuestros antepasados utilizaron como apoyo mecánico en sus desplazamientos. Pero, créalo o no, los zapatos que hoy usamos son los descendientes directos del primer calzado que, según sugiere una nueva investigación, entró en uso en Eurasia occidental entre 26.000 y 30.000 años atrás.

Erik Trinkaus, Profesor de Antropología Física, dedujo esas fechas por el análisis de evidencias anatómicas obtenidas de restos de los primeros humanos modernos, que sugieren una reducción en la fortaleza física de los dedos más pequeños del pie de esos humanos del Paleolítico Superior, mientras que hubo poco cambio en la fortaleza de la pierna.

Trinkaus defiende que esos primeros humanos que vivieron sometidos a los climas reinantes en latitudes muy al Norte, empezaron a utilizar un aislante térmico en sus pies hace alrededor de 500.000 años. Aunque las evidencias arqueológicas indican que el calzado como protección fue utilizado por lo menos desde la mitad del Paleolítico Superior en diferentes regiones de Europa, su frecuencia de uso y la protección mecánica real proporcionada por ese calzado, resultaban inciertas.

Antiguedad del calzado
El pie de un humano moderno de hace 26.000 años. (Foto: Erik Trinkaus / Czech Academy of Sciences )
El uso de calzado protector ha sido difícil de documentar porque, en la mayoría de los casos, no resiste el paso del tiempo. En ausencia de esa evidencia física de calzado, Trinkaus analizó los huesos de los pies de los humanos eurasiáticos occidentales del Paleolítico Medio y Superior, encontrando que su anatomía comenzó a cambiar hace unos 26.000 años. En concreto, ha descubierto que los huesos de los dedos pequeños de los pies de los humanos de entonces eran de constitución más débil que los de sus antepasados, mientras que los huesos de sus piernas seguían siendo prácticamente igual de grandes y fuertes. La causa más lógica, según ha deducido Trinkaus, debió ser la introducción del calzado.

Mientras se anda descalzo, los dedos más pequeños del pie se flexionan para la tracción, manteniendo fuertes los huesos. El calzado de apoyo disminuye la flexión de tales dedos, debilitándolos.


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