Biología

Nueva ventana para observar antiguos agujeros del ozono

Para desarrollar su estrategia, el investigador Barry Lomax y sus colegas de la Universidad de Sheffield y otras instituciones británicas analizaron las esporas de la colección del British Antarctic Survey sobre la isla de Georgia del Sur, una isla perteneciente al Reino Unido ubicada en la lejana zona sudoeste del Océano Atlántico. Descubrieron que, desde los años sesenta, las esporas de plantas terrestres han triplicado la concentración de los pigmentos que absorben los rayos ultravioleta B y que les sirven para protegerse contra una disminución del 14 por ciento en el ozono estratosférico.

Inicialmente, investigaron si las plantas de importancia paleobotánica son capaces de adaptarse a los cambios en la radiación ultravioleta B, y en particular estudiaron la respuesta al ultravioleta B de la Lycopodium Magellanicum, una planta nativa de la isla de Georgia del Sur.

Habiendo establecido que así es, ahora investigan los posibles cambios en la incidencia del ultravioleta B sobre la superficie terrestre ocurridos en la frontera entre los períodos Pérmico y Triásico (hace 251 millones de años). Ese límite marca la extinción en masa más grande en la historia de la Tierra, y también coincide con la erupción conocida más grande de lava y la emisión de gases potencialmente destructores de la capa de ozono, en cierta zona de Siberia.

El moderno aumento de la radiación ultravioleta B en la isla de Georgia del Sur es el resultado directo de la destrucción del ozono de latitudes altas en la estratosfera durante la primavera, causada por décadas de emisiones de clorofluorocarbonos (CFCs) producidos por las actividades humanas. La situación puede haber sido la misma 250 millones de años atrás, sólo que los productos químicos que destruyeron entonces la capa de ozono vinieron de la propia Tierra. Las erupciones volcánicas pueden emitir gases como el cloro y el bromo que son capaces de destruir el ozono.

Antiguos agujeros ozono
La Lycopodium annotinum, otra planta estudiada. (Foto: GSA )
La búsqueda de restos químicos de los pigmentos de las plantas en esporas y polen fosilizados es una vía muy prometedora. Los pigmentos se descomponen para formar compuestos que son estables durante períodos geológicos amplios, de modo que usando muestras que no hayan sido sometidas a grandes cantidades de calor, pueden encontrarse sus huellas.


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