Biología

Tejidos blandos de hace 68 millones de años

(NC&T) El proceso de fosilización implica la sustitución progresiva de los minerales de los huesos por otros. Así, los fósiles son básicamente "rocas" que reproducen el material original, cuya resistencia permite que puedan ser examinados en la actualidad. Habitualmente, se considera que los tejidos blandos de un animal muerto no fosilizan porque son rápidamente destruidos por los microorganismos (no sobreviven más de 100.000 años). Sin embargo, en algunas ocasiones se han encontrado tejidos blandos, conservados en circunstancias muy excepcionales, aunque en un estado prácticamente irreconocible.

Por eso, el hallazgo, por parte de una paleontóloga de la North Carolina State University, de tejidos blandos de un dinosaurio en unas condiciones lo bastante buenas como para permitir su estudio microscópico y la constatación de la presencia de estructuras parecidas a vasos sanguíneos e incluso células es una noticia tremendamente importante.

Mary Schweitzer, en efecto, ha conseguido aislar tejidos blandos procedentes de un fémur de un dinosaurio de hace 68 millones de años, perteneciente a la especie Tyrannosaurus rex. El descubrimiento tiene mucho de oportuno, ya que el análisis se efectuó en unas condiciones que no son habituales.

Schweitzer estaba interesada en el estudio de la microestructura y los componentes orgánicos del hueso de un dinosaurio. Todos los huesos están hechos de una combinación de proteínas (y otras moléculas orgánicas) y minerales. En los huesos modernos, la eliminación de los minerales permite analizar fácilmente los materiales orgánicos blandos. En un hueso fosilizado, sin embargo, completamente mineralizado, no deberían existir sustancias orgánicas, de modo que tras disolver sus minerales no debería quedar nada en su lugar.

La sorpresa se produjo cuando Schweitzer realizó este procedimiento y halló que no todo había desaparecido. Encontró material de matriz ósea, que al ser observado mediante el microscopio, puso de manifiesto la presencia de vasos sanguíneos, osteocitos (células de construcción ósea), y otras características orgánicas reconocibles.

Fósiles dinosaurios
Vasos procedentes de muestras de matriz ósea de dinosaurio, arriba, y de avestruz, abajo (Foto: North Carolina State University)
Dado que se supone que las aves son los parientes vivos más cercanos de los dinosaurios, Schweitzer comparó dichas estructuras con las halladas en los avestruces modernos, y comprobó su extrema similitud. Para estar segura, la paleontóloga repitió su búsqueda en otros tres especimenes de dinosaurio bien conservados, dos tiranosaurios de 65 millones de años y un hadrosaurio de 80 millones. De nuevo, encontró las mismas estructuras.

El próximo paso es averiguar si los tejidos blandos examinados conservan células originales, y si éstas, en caso de existir, poseen aún material genético. Los estudios preliminares sugieren que al menos algunos fragmentos del material molecular original podrían estar aún presentes.

El descubrimiento de material genético en buenas condiciones nos aportaría mucha información sobre estos antiquísimos animales. La clonación de uno de ellos conforme las ideas aportadas por películas como "Parque Jurásico" está muy lejos de ser posible, al menos por el momento. Pero hay que tener en cuenta que hasta hace una semana apenas se creía que los tejidos blandos pudieran conservarse tan bien.


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