Arqueología

Modificaciones artificiales del paisaje americano que siguen existiendo siglos después

Un grupo de arqueólogos y ecólogos de la Universidad Estatal de Arizona está embarcado en un proyecto para determinar en qué grado las acciones de los antiguos moradores de América continúan afectando al paisaje actual.

El centro de atención del estudio es el Monumento Nacional de Agua Fría, una zona ubicada aproximadamente a unos 64 kilómetros al norte de Phoenix. Dentro de esa zona, numerosos yacimientos arqueológicos permiten que los investigadores examinen el impacto que los antiguos moradores de la zona ejercieron sobre su entorno.

Agua Fría es un laboratorio gigante, tal como apostilla Katherine Spielmann, la arqueóloga jefa del proyecto.

Los antiguos pobladores del lugar manipularon su entorno de muy diversas maneras. Plantaron y cultivaron pita, la cual todavía sigue creciendo cerca de asentamientos hoy abandonados. Quitaron rocas del suelo para construir viviendas, lo que alteró los patrones de la propagación de incendios forestales y los patrones de distribución de las plantas leñosas. Las cuestas modificadas de cierta colina todavía realizan su función prevista de disminuir la velocidad de la escorrentía del agua, y han hecho que las propiedades del suelo y las comunidades vegetales asentadas en él sean bastante distintas a cómo serían si los antiguos pobladores no hubieran modificado dichas cuestas.

Modificaciones artificiales del paisaje
Cuesta modificada en Agua Fría. (Foto: Melissa Kruse-Peeple)
Mediante la evaluación de hasta qué punto los residentes de Agua Fría afectaron al entorno con la agricultura, los investigadores también podrán quizá acabar aclarando el enigma de por qué el lugar fue abandonado por sus habitantes después de poco más de un siglo de ocupación.

Los primeros pobladores llegaron a fines del siglo XIII, y los últimos se marcharon a principios del XV.

Los datos aportados por el análisis de los anillos de crecimiento de los árboles documentan un período de sequía extrema que arrasó gran parte del sudoeste de Norteamérica a fines del siglo XIII, forzando a muchas personas a marcharse de sus tierras ancestrales y aposentarse en lugares con mejor disponibilidad de agua, como la zona de Agua Fría.

Pero, aunque el motivo de su emigración hacia Agua Fría es obvio, no está claro qué los forzó luego a abandonar ese asentamiento tan ideal. Tal vez agotaron todos los recursos naturales, o la tierra dejó de ser tan fértil como al principio. O acaso se sentían amenazados por enemigos, a juzgar por el hecho de que algunos de los poblados fueron construidos en lo que parecen ubicaciones defensivas.




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