Arqueología

El bipedalismo humano es de origen arborícola, no deriva de la marcha sobre los nudillos

(NC&T) La investigación ha sido conducida por Tracy Kivell y Daniel Schmitt (Universidad Duke).

El debate sobre el origen del bipedalismo humano comenzó en la época de Charles Darwin y aún continúa con gran fuerza, comúnmente dividido en dos modelos opuestos.

Un modelo presenta al ancestro prehumano como un animal que caminaba sobre las cuatro extremidades, apoyando parcialmente el peso en los nudillos de las manos, un comportamiento utilizado con frecuencia por nuestros parientes vivos más cercanos, los simios africanos.

El otro modelo sigue la pista de nuestro andar sobre dos piernas hasta los primeros escaladores de árboles, un modo de locomoción que también es habitual en los simios actuales.

Los defensores del origen en la marcha por tierra ayudada por los nudillos creen que tanto nosotros como los monos africanos evolucionamos de un ancestro común que se desplazaba sobre el terreno de esa manera. Esa conexión, sostienen, es todavía evidente en las características de los huesos de las manos y las muñecas compartidas por los simios africanos, los humanos prehistóricos y los humanos actuales.

Sin embargo, Kivell halló algo totalmente distinto cuando comenzó a comparar los huesos de las muñecas de adultos y jóvenes de más de 100 ejemplares de bonobo y chimpancé (el primate vivo más parecido a nosotros), con los de los gorilas.

Curiosamente, dos rasgos fundamentales asociados con la marcha por tierra ayudada por los nudillos estaban presentes en sólo un 6 por ciento de los especímenes de gorilas que ella estudió, pero en cambio los halló en un 96 por ciento de los chimpancés adultos y en un 76 por ciento de los bonobos.

La explicación que Kivell y Schmitt ofrecen para la ausencia de estos rasgos en los gorilas, es que su modo de caminar sobre el terreno apoyándose parcialmente en los nudillos difiere en varios aspectos fundamentales del modo en que chimpancés y bonobos se desplazan de esa manera por el suelo.

Los gorilas se desplazan con sus brazos y muñecas extendidos de una manera bastante recta, que recuerda al andar de los elefantes. Por el contrario, los chimpancés y los bonobos caminan con más flexibilidad, con sus muñecas en una posición más doblada.

Por tanto, las muñecas de los chimpancés y los bonobos tienen estructuras especiales que no poseen los gorilas y que sirven para evitar que sus muñecas se doblen demasiado. Los gorilas, por su modo de andar a cuatro patas, no necesitan esas estructuras.

La clave para entender la causa de esta diferencia es que los chimpancés y los bonobos pasaron mucho tiempo en los árboles, y los gorilas no.

Los investigadores han determinado que las estructuras de las muñecas de los chimpancés y los bonobos les permiten desplazarse con mayor estabilidad por las ramas. Por el contrario, el estilo más rígido de andar sobre los nudillos que tienen los gorilas encaja mejor con el transporte preferente por tierra.

Kivell y Schmitt piensan que esto sugiere la evolución independiente del caminar con la ayuda de los nudillos en los dos linajes de simios africanos.

Todas las evidencias se inclinan en contra de la idea de que nuestro bipedalismo evolucionó a partir de un ancestro que pasaba la mayor parte del tiempo desplazándose por tierra apoyando parcialmente su peso en los nudillos.

Los nuevos datos parecen respaldar la noción opuesta, la de que los rasgos de las manos y las muñecas descubiertos en los fósiles humanos, y que han sido considerados tradicionalmente como indicadores de un modo de desplazarse dominado por el andar con el apoyo de los nudillos, son en realidad evidencias de un estilo de vida arborícola.

Dicho de otra manera, el ancestro de los humanos pasaba la mayor parte de su tiempo subido a los árboles, y comenzó a descender al suelo y a caminar sobre dos patas.

Probablemente, esta transición ocurrió hace unos siete millones de años.




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