Arqueología

Un craneo de 40.000 años muestra rasgos de neandertal y de humano moderno

(NC&T) Los profesores Joao Zilhao de la Universidad de Bristol, Erik Trinkaus de la Universidad de Washington, y sus colegas europeos, compararon las características de un cráneo perteneciente a uno de los primeros humanos modernos hallado en Pestera cu Oase ("la caverna con huesos") en el sudoeste de Rumania, con otras muestras humanas del mismo periodo, el tramo final del Pleistoceno. Las diferencias entre las calaveras sugieren una dinámica poblacional compleja durante el proceso de dispersión de los humanos modernos por Europa.

Los distintos fragmentos del cráneo reconstruido, llamado Oase 2, fueron hallados en un lecho de huesos de finales del Pleistoceno, donde predominaban los restos de osos. Fueron recuperados durante un proyecto de excavación sistemática dirigido por los profesores Trinkaus y Zilhao entre los años 2003 y 2005.

La datación con radiocarbono del espécimen arrojó una edad mínima de más de 35.000 años, pero la similitud de los rasgos morfológicos con la mandíbula de Oase 1, hallada en 2002 en la superficie de la cueva, en un punto adyacente al área de excavación, y a la que la datación atribuyó 40.500 años, hizo que el equipo concluyera que los dos fósiles tenían la misma edad. Estos son los restos más antiguos de humanos modernos encontrados hasta el momento en Europa, y representan la mejor evidencia de las características físicas que poseyeron esos primeros humanos modernos que se dispersaron por el continente.

Al compararlo con otros cráneos, el profesor Zilhao y sus colegas descubrieron que Oase 2 tenía las mismas proporciones que los cráneos humanos modernos, y compartía cierto número de rasgos propios de éstos.

Craneo de 40.000 años
Cráneo Oase 2. (Foto: Bristol U.)
Sin embargo, había algunas diferencias importantes, rasgos aparentemente independientes que resultan muy inusuales en los humanos modernos y que se hallan principalmente en los neandertales. Por ejemplo, molares superiores excepcionalmente grandes con una progresión inusual en su tamaño.

Tales diferencias originan interrogantes importantes sobre la historia evolutiva de los humanos modernos. Podríamos estar ante el resultado de un giro evolutivo de 180 grados, o un indicio de un muestreo paleontológico incompleto de la diversidad humana del Paleolítico Medio.

Sin embargo, otra posibilidad podría ser que el hallazgo refleje en realidad la mezcla con poblaciones neandertales a medida que los humanos modernos se extendían por Eurasia occidental. Esta mezcla por apareamientos mixtos tendría como resultado la existencia de rasgos arcaicos propios de los neandertales, y combinaciones exclusivas de rasgos resultantes de la mezcla de acervos genéticos anteriormente divergentes.


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