Antropología

Paternidad masculina a edad avanzada y el misterio de la longevidad humana

(NC&T) Los hombres que tienen hijos a los 50 y 60 y tantos años no obtienen de ello un beneficio genético para su supervivencia personal, pero el patrón de reproducirse a una edad más tardía tiene un efecto global en la población, porque estos hombres transmiten sus genes a sus hijos de ambos sexos. Esto contribuye a la longevidad humana y a la supervivencia de la especie.

Shripad Tuljapurkar, profesor de Estudios de la Población, y el demógrafo Cedric Puleston, ambos de la Universidad de Stanford, y Michael Gurven, profesor de antropología en la Universidad de California en Santa Bárbara, han llevado a cabo el estudio en un esfuerzo por comprender por qué los humanos no mueren cuando finaliza la reproducción de las hembras.

La habilidad humana para escalar la llamada "pared de la muerte" (sobrevivir más allá de la edad de la reproducción) ha sido el eje de una controversia científica durante más de 50 años. La pregunta central es: ¿Por qué una especie que deja de reproducirse a una edad determinada debe permanecer viva después de esto? La teoría evolutiva predice que, con el tiempo, las mutaciones dañinas que disminuyen la supervivencia se incrementarán en la población, aunque resultarán "invisibles" para la selección natural después de que finalice la reproducción. Sin embargo, en las pocas sociedades de cazadores-recolectores que existen todavía, las cuales representan probablemente las condiciones demográficas de los primeros humanos y sus patrones de apareamiento, un tercio de las personas viven más allá de los 55 años, sobrepasando la edad reproductiva máxima de las mujeres. Además, la esperanza de vida actual en los países industrializados es de entre 75 y 85 años, con una mortalidad que aumenta gradual, no abruptamente, después de la edad de la menopausia femenina.

La explicación más popular de por qué los humanos no mueren a la edad de 55 años ha sido denominada la "hipótesis de la abuela", y sugiere que las mujeres refuerzan la supervivencia de sus hijos y nietos viviendo el tiempo suficiente para cuidar de ellos e incrementar así el "éxito" de sus genes.

A diferencia de investigaciones anteriores sobre la reproducción humana, este estudio, por primera vez, incluye datos sobre los varones. "En una especie donde los varones y las hembras tienen diferentes pautas de reproducción, se necesita de un modelo de ambos sexos", argumenta Puleston. Según él, la "hipótesis de la abuela" puede ser correcta, pero el modelo real de fertilidad masculina se extiende más allá de esta explicación. La población tiene una tasa de crecimiento mayor si los hombres continúan reproduciéndose hasta una edad más tardía. La edad de la última reproducción se prolonga hasta los setenta y tantos si se agrega a los hombres en el análisis.

En el estudio, los investigadores analizaron un modelo general de dos sexos para demostrar que la selección favorece la supervivencia tanto tiempo como los hombres se reproduzcan. El apareamiento de los varones con hembras mucho más jóvenes constituye un patrón probablemente típico entre los primeros humanos. Y también hoy en el caso de las sociedades muy tradicionales y menos desarrolladas. Según se estudió en la investigación, los varones en tales sociedades son entre 5 y 15 años más viejos que sus esposas. En Europa y Estados Unidos, la diferencia media de edades entre cónyuges es aproximadamente de dos años. Las diferencias de edades varían con la cultura, pero es un patrón universal que en los matrimonios típicos los hombres sean más viejos que las mujeres.

A pesar de pequeñas diferencias basadas en tradiciones matrimoniales, todas las mujeres y la mayoría de los hombres en los seis grupos estudiados por los investigadores, incluyendo a algunas de las poblaciones indígenas más aisladas y primitivas del mundo, dejan de engendrar hijos sobre los 50 años. Pero algunos hombres, mayormente varones de alto estatus, siguen reproduciéndose hasta los 70 y tantos años. Los investigadores constataron que la diferencia de edad entre cónyuges es más pronunciada en las sociedades que favorecen la poligamia, en las cuales un hombre tiene varias esposas al mismo tiempo, y también en las gerontocracias, donde los hombres de más edad monopolizan, entre otras cosas, el acceso a las mujeres en edad fértil. Los autores del estudio esgrimen también evidencias genéticas y antropológicas de que los primeros humanos eran probablemente polígamos.

Esta fertilidad activa masculina más allá de la edad de la menopausia femenina también ejerce un efecto significativo en las sociedades monógamas, pues en el transcurso de la vida, resulta más probable para un hombre que para una mujer volver a tener hijos si vuelve a casarse.

Por todas estas razones, los investigadores argumentan que la reproducción masculina a edades bastante superiores a las de la menopausia femenina tuvo una incidencia importante durante gran parte de la historia humana, y que el resultado de ello se refleja en los patrones de mortalidad de las poblaciones modernas.
Pastores del Pirineo

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