El tipo de iluminación es clave para detectar objetos peligrosos en circulación nocturna

Un estudio de investigadores de la UVa para la DGT ha analizado dos aspectos de la visión periférica nocturna: la detección de contraste umbral y el tiempo de reacción ante un contraste supraumbral

UVA/DICYT Un estudio llevado a cabo por el Grupo de Investigación Reconocido (GIR) Técnicas Ópticas de Diagnóstico de la Universidad de Valladolid (UVa) junto con personal del Servicio de Oftalmología del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, ha analizado la visión periférica nocturna de personas jóvenes (entre 20 y 30 años), de mediana edad (entre 30 y 40 años) y personas mayores (más de 60 años) con los dos tipos de iluminación más frecuentes en el medio urbano (sodio de alta presión y halogenuro metálico) y con los dos tipos de lámparas más comunes en los vehículos (halógenas y de xenon).

36265_med

Una de las principales conclusiones del trabajo, financiado por la Dirección General de Tráfico (DGT) en su convocatoria de 2014, se centra en un aspecto de la visión periférica, el contraste umbral, básico para la detección de peligros. En este sentido, los investigadores han determinado que las lámparas de sodio de alta presión ofrecen prestaciones similares para todos los grupos de edad en un aspecto de la visión denominado contraste umbral. Otro tipo de lámparas con luz más azulada, como las de halogenuro metálico o xenón, favorecen la visión de los más jóvenes pero perjudican la visión de las personas mayores.

Como recuerda Juan Antonio Aparicio, investigador principal del proyecto, la DGT dedica importantes recursos a conocer los máximos detalles relacionados con los accidentes de tráfico, una información vital para abordar todos aquellos problemas relacionados con la circulación. En este sentido, apunta, “uno de los aspectos que se observa en sus estadísticas es que existen fundamentalmente dos grupos de riesgo en la circulación nocturna: los jóvenes, con una significativa cantidad de accidentes asociados al consumo de sustancias tóxicas, y las personas mayores, que cuentan con una serie de problemas visuales vinculados a su edad que los hacen más vulnerables frente a una situación de circulación por la noche”.

Según el investigador, la circulación nocturna constituye en sí una actividad de riesgo, ya que se desarrolla bajo unas condiciones de iluminación pobres. En concreto, son dos las partes de la visión involucradas fundamentalmente en la conducción: la visión foveal y la visión periférica.

“Cuando conducimos el ojo forma una imagen muy nítida en una parte muy concreta de la retina que se llama fóvea, capaz de distinguir pequeños detalles. Pero hay otra parte de la visión, la periférica, que es esencial en la conducción. Esa otra parte de la retina también está funcionando y permite de hecho detectar objetos de riesgo. De este modo, cuando conducimos, con la visión foveal observamos el vehículo que va delante, de qué color es, o las maniobras que realiza; mientras que la visión periférica posibilita detectar que un objeto se cruza en la carretera, entonces giramos automáticamente los ojos para identificar qué objeto es, por ejemplo un perro, y evaluamos en un tiempo record cómo reaccionar”, ilustra.

Peor visión con lámparas de luz azulada

En el estudio desarrollado, los investigadores de la UVa se han centrado en dos aspectos de la visión periférica nocturna. El equipo científico ha analizado si los distintos tipos de iluminantes, tanto los urbanos como los del automóvil, ofrecen prestaciones equivalentes a los distintos grupos de edad.

En primer lugar, han investigado un importante aspecto de la visión periférica, el denominado contraste umbral, “la cantidad mínima de contraste, en este caso detectable periféricamente, que puede aportar información sobre un objeto peligroso”. En esta línea, el Grupo ha comprobado que la edad “no es un factor significativo cuando el iluminante es la lámpara de sodio, que ofrece una luz intensa amarillo-naranja”. En cambio, “las personas mayores se ven perjudicadas en el contraste umbral con las lámparas con luz más azul, como el halogenuro metálico o el xenon mientras los jóvenes se ven beneficiados”.

El segundo aspecto analizado fue la capacidad de reacción ante un contraste supraumbral, “un objeto muy contrastado que nos aporta una información ante la que tenemos que reaccionar, como por ejemplo una señal de tráfico”. Los investigadores han medido los tiempos de reacción visual en visión periférica y han evidenciado cómo varía el tiempo de reacción en función de la edad y el tipo de iluminante. Tal y como concluye Aparicio, “hay un dato razonablemente conocido que se reproduce en nuestro estudio, y es que el tiempo de reacción aumenta con la edad, lo que está más relacionado con las características motoras del individuo que con las particularidades propiamente visuales”, asegura. Del mismo modo, añade, “no se aprecian diferencias reseñables en el tiempo de reacción respecto al tipo de iluminación”.

En el proyecto, que ha tenido un año de duración, han participado varios investigadores del GIR Técnicas Ópticas de Diagnóstico: Isabel Arranz, Beatriz Martínez Matesanz, Santiago Mar, José Antonio Menéndez y el doctorando Alejandro Gloriani, además del propio Juan Antonio Aparicio y del doctor en Oftalmología del Hospital Clínico de Valladolid David Galarreta. Con la información obtenida, el Grupo formulará una serie de recomendaciones con el fin último mejorar la seguridad vial.


Fuente: DICYT
Website: dicyt.com


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *