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Los agujeros negros pueden bloquear la formación de estrellas

Que los agujeros negros supermasivos son algo que va más allá de los que una mente humana pueda comprender, es evidente: todavía nos falta mucho para entenderlos. Que sus magnitudes y efectos escapen a lo que el ser humano puede concebir, ya empieza a sorprender. Que cada vez se descubran agujeros negros más grandes y con efectos más “atroces” es inquietante.

Gracias al observatorio espacial Herschel de la ESA, los astrónomos han descubierto que el viento generado por un agujero negro está barriendo la galaxia en la que se encuentra, llevándose consigo la materia prima necesaria para formar nuevas estrellas.

Los agujeros negros supermasivos se encuentran en el centro de la mayoría de las galaxias, y son objetos extremadamente densos y compactos cuya masa puede ser millones o miles de millones de veces superior a la de nuestro Sol.

Muchos de ellos, como el que ocupa el centro de nuestra Vía Láctea, son relativamente pasivos, pero otros están destruyendo su entorno con gran voracidad.

Los agujeros negros no sólo engullen el gas que los rodea; a veces también lo expulsan en forma de potentes chorros o vientos. Los astrónomos sospechaban desde hace tiempo que estos escapes de materia podrían ser los responsables de vaciar a las galaxias de gas interestelar, y en particular de las moléculas a partir de las que se forman las nuevas estrellas.

Con el paso del tiempo estos vientos acabarían afectando a la actividad de formación de estrellas en la galaxia, pudiendo llegar a detenerla por completo.

Sin embargo, hasta la fecha no se había logrado estudiar este proceso. Los astrónomos habían detectado fuertes vientos en las inmediaciones de los agujeros negros gracias a los telescopios de rayos X, y habían descubierto escapes de gas a gran escala a través de las observaciones en el infrarrojo, pero nunca habían observado estos dos fenómenos en una misma galaxia.

Viento de un agujero negroatrayendo gas de una galaxia

Un nuevo estudio acaba de cambiar el panorama, al lograr observar los vientos a pequeña y a gran escala desencadenados por un mismo agujero negro.

“Es la primera vez que vemos un agujero negro supermasivo en acción, barriendo los depósitos de gas de su galaxia”, explica Francesco Tombesi, del Centro Goddard de la NASA y de la Universidad de Maryland, Estados Unidos, quien dirigió la investigación publicada ayer en la revista Nature.

Al combinar las observaciones realizadas por el satélite europeo Herschel en las longitudes de onda del infrarrojo con los nuevos datos en la banda de los rayos X recogidos por el satélite japonés-americano Suzaku, los astrónomos han sido capaces de comparar los vientos en las inmediaciones del agujero negro central con sus efectos a gran escala, arrastrando las reservas de gas de la galaxia IRAS F11119+3257.

Los vientos empiezan siendo locales y fuertes, con ráfagas que alcanzan el 25% de la velocidad de la luz y que son capaces de arrastrar una masa solar de gas al año.

A medida que se alejan del agujero negro central los vientos se frenan, pero consiguen empujar fuera de la galaxia una cantidad de gas equivalente a cien veces la masa de nuestro Sol.
Escape de gas de una galaxia
Esta es la primera prueba firme de que los vientos provocados por un agujero negro pueden despojar a una galaxia de gas, a través de escapes a gran escala.

Este descubrimiento refuerza la teoría de que los agujeros negros podrían llegar a detener el proceso de formación de estrellas en la galaxia en la que se encuentran.

“Herschel ha revolucionado las teorías sobre la formación de las estrellas. Estos nuevos resultados nos ayudan a comprender cómo y por qué varía la actividad de formación de estrellas en algunas galaxias, pudiendo llegar a detenerse por completo”, explica Göran Pilbratt, científico del proyecto Herschel para la ESA.

“Hemos encontrado al culpable de este gran misterio cósmico. Como muchos sospechaban, un agujero negro central puede desencadenar escapes de gas a gran escala, deteniendo la actividad de formación de estrellas”.


Fuente: Agencia Europea del Espacio (http://www.esa.int/esl/ESA_in_your_country/Spain/)

Miden por primera vez la parte menos caliente de una estrella distinta al Sol

Un equipo internacional, con participación de la Universidad Autónoma de Madrid, ha descrito la ‘región de mínima temperatura’ de Alfa Centauri A, una estrella a poco más de 4 años luz de la Tierra. La medida es fundamental para el conocimiento de las atmósferas estelares y representa la primera que se hace a una estrella distinta al Sol.

Observaciones del sistema estelar Alfa Centauri, realizadas con el telescopio espacial Herschel y el telescopio APEX, han permitido a un consorcio internacional de científicos caracterizar por primera vez la ‘región del mínimo de temperatura’ en una estrella distinta a la nuestra.

Miden-por-primera-vez-la-parte-menos-caliente-de-una-estrella-distinta-al-Sol_image365_La región del mínimo de temperatura en una estrella posee un interés fundamental para el conocimiento de la  física básica de las atmosferas estelares, según explica Carlos Eiroa, profesor del Departamento de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y uno de los científicos firmantes del estudio.

“Las atmósferas estelares están caracterizadas por una temperatura media, si bien de manera estricta presentan un gradiente de temperaturas. Inicialmente, la temperatura disminuye a través de la región atmosférica llamada ‘fotosfera’, hasta alcanzar un valor mínimo. Posteriormente la temperatura empieza de nuevo a aumentar. Esta inversión de la temperatura sólo puede ser observada directamente en el infrarrojo lejano”, añade el investigador.

Alfa Centauri es el sistema estelar más cercano a la Tierra. Está a unos 4,3 años luz de distancia y lo componen tres estrellas. La más brillante, Alfa Centauri A, es algo más luminosa, grande y vieja que el Sol. Fue en ella donde los científicos lograron caracterizar la región del mínimo de temperatura.

Respecto a los instrumentos que ha hecho posible la medición, uno es el telescopio espacial Herschel de la Agencia Espacial Europea (ESA), capaz de captar el infrarrojo lejano. Otro es el telescopio APEX, uno de los instrumentos que tiene el Observatorio Europeo Austral (ESO) en Chile y que opera a longitudes de onda milimétricas y submilimétricas.

Los resultados fueron publicados en la sección Letters de la revista Astronomy and  Astrophysics por el consorcio DUst around NEarby Stars (DUNES), un equipo internacional de aproximadamente 50 científicos liderado por Carlos Eiroa. Su objetivol es encontrar y caracterizar discos ‘exozodiacales’ (similares al cinturón de Kuiper) en sistemas planetarios distintos al nuestro.

En Alfa Centauri B, la segunda estrella que compone el sistema estelar, se ha encontrado recientemente el exoplaneta más cercano a la Tierra conocido hasta ahora.