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La caza, igual que hoy, tenía importantes connotaciones sociales en el neolítico

Es posible que en el neolítico la caza fuese perdiendo peso como recurso alimentario en favor de la recolección y la domesticación de animales. Lo que parece que no ha perdido hasta nuestros días es su función social como símbolo de estatus social de manera que quien tenía las mejores herramientas de caza y/o hacía mayores repartos de la comida cazada recibía mayor consideración social.

Trabajos en el yacimiento de La Draga - Gerona (1)

La caza con arco durante el Neolítico podría haber sido uno de los pilares de la unidad como grupo de sociedades humanas primitivas. Esta es una de las principales conclusiones alcanzadas por un equipo de arqueólogos españoles con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que ha analizado los arcos neolíticos encontrados en el yacimiento de La Draga (Girona). El estudio ha sido publicado en la revista Journal of Archaeological Science.

“Comparando los escasos restos animales silvestres y el abundante material de caza encontrados en el yacimiento, llegamos a la conclusión de que la alimentación no era el principal objetivo de la elaboración de objetos de caza. La arquería neolítica podría haber tenido una importante función social y de colectividad, además de aportar prestigio social a la actividad física y a los individuos involucrados en ella”, explica el investigador del CSIC Xavier Terradas, de la Institució Milá y Fontanals.

Según el estudio, en algunos casos el prestigio estaba ligado al tipo de animal cazado, y en otras ocasiones se relacionaba más con la distribución que se realizaba de la presa que con el propio abatimiento del animal. “Las presas de mayor tamaño, como recurso colectivo, podrían haber jugado un rol importante, incluso en casos en los que constituyeran un recurso puntual o esporádico”, añade Raquel Piqué, investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Los arcos neolíticos más antiguos de Europa

Entre el material incluido en el estudio se encuentran tres arcos de madera de tejo descubiertos en La Draga en 2012. El análisis de las piezas confirma una antigüedad estimada de entre 7.400 y 7.200 años, las más antiguas de su género halladas en Europa hasta el momento.

El único de los tres arcos conservado íntegramente mide 1,08 metros de longitud, 25 milímetros de anchura máxima y 15 milímetros de espesor. Estas dimensiones son inferiores a la media del resto de arcos neolíticos encontrados en otros puntos de Europa. Sin embargo, las dimensiones de las partes conservadas de los otros dos arcos de La Draga hacen suponer a los investigadores que tendrían un tamaño mayor, similar a los europeos.

“Los arcos recuperados en La Draga, además de constituir un documento material único de la arquería y de la tecnología cinegética del Neolítico inicial, constituyen una evidencia arqueológica única para evaluar el rol social de la caza en las primeras sociedades campesinas, así como para abordar aspectos cruciales como la especialización económica, la división del trabajo y la naturaleza del acceso a los recursos”, concluye el investigador del CSIC.

Raquel Piqué, Antoni Palomo, Xavier Terradas, Josep Tarrús, Ramon Buxó, Àngel Bosch, Júlia Chinchilla, Igor Bodganovic, Oriol López, Maria Saña. Characterizing prehistoric archery: technical and functional analyses of the Neolithic bows from La Draga (NE Iberian Peninsula). Journal of Archaeological Science. DOI: 10.1016/j.jas.2015.01.005


Fuente: Consejo Superior de Investigaciones Científicas (http://www.csic.es)

 

El cementerio más antiguo de España está en Valencia

Aunque el dato parece que podría publicarse sólo por el gusto de decir que “lo mío es mejor que lo tuyo”, lo cierto es que la fecha de uso de la necrópolis valenciana de El Collado, desde 9.500 a.C. hasta 8.500 a.C. aproximadamente, viene a establecer que el paso hacia la sedentarización humana se produjo de un modo homogéneo en toda Europa occidental porque esa fecha coincide con al de otros yacimientos portugueses, daneses, suecos o franceses. La existencia de cementerios usados durante varios siglos puede reflejar el cambio de hábitos de los cazadores nómadas hacia una mayor vinculación con el territorio para la obtención de recursos.

 Necrópolis de El Collado en Valencia

Un equipo liderado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha demostrado que la necrópolis de El Collado, en Oliva (Valencia), es la más antigua de la Península Ibérica. La datación de los restos óseos de diez de los 15 individuos enterrados en este conjunto funerario, con una antigüedad comprendida entre los 9.500 y 8.500 años, rompe con la idea de que los primeros cementerios ibéricos fueron los asentados en los concheros portugueses, como los ubicados en los estuarios de los ríos Tajo y el Sado.

Los resultados, publicados en la revista PLOS ONE, demuestran que esta necrópolis, situada en el extremo meridional del Golfo de Valencia, tuvo un uso intermitente durante unos 1.000 años. El empleo de este espacio con fines sepulcrales coincide, por tanto, con otros yacimientos mesolíticos en Europa, como los de Vedbaek (Dinamarca), Skateholm (Suecia) o Téviec y Hoëdic (ambos en Francia).

Hace unos 9.500 años, las últimas comunidades de cazadores-recolectores que ocupaban la Península Ibérica comenzaron a enterrar de forma sistemática a parte de sus congéneres en cementerios, un hábito que se vincula a la progresiva sedentarización de estas sociedades y a un cambio significativo en la relación de sus territorios con las actividades económicas.

Según las dataciones por carbono 14 mediante espectrometría de masas, los restos más antiguos fueron enterrados en el sector sur y los más recientes en la zona norte. “Es significativo que la mayor parte de estas sepulturas no se superpongan ni se corten unas a otras, lo que indica que posiblemente se empleó algún tipo de señalización para indicar las inhumaciones, que era reconocida y respetada mientras se mantuvo la función funeraria de este lugar”, el investigador del CSIC Juan Francisco Gibaja, de la Institución Milà i Fontanals.

En el yacimiento mesolítico de El Collado, excavado en 1987 y 1988, se documentaron 14 enterramientos a lo largo de una superficie de 143 metros cuadrados. Uno de ellos contiene restos de dos individuos. Los datos antropológicos apuntan a que cuatro son mujeres y siete hombres, otros dos probablemente hombres y los dos restantes un adolescente y un recién nacido de los que no se ha podido determinar el sexo. Las dislocaciones documentadas permiten inferir que algunos de ellos fueron enterrados en algún tipo de sudario, saco o con algunos de sus miembros atados.

“Hasta hace poco, las dataciones relativas a un conjunto funerario solían limitarse a unos pocos individuos en el mejor de los casos, ya que en muchas ocasiones se solían realizar dataciones indirectas, es decir, de elementos vinculados al individuo enterrado, pero cuya antigüedad podía no corresponderse necesariamente con el evento funerario. Por ello, nosotros hemos tomado muestras directamente de los huesos humanos de los 10 individuos”, señala Xavier Terradas, investigador del CSIC en la Institución Milà i Fontanals.

El yacimiento es además un depósito de conchas, relacionado con el consumo de moluscos por estas comunidades, que vivían a menudo cerca del mar o de los estuarios. “A veces inhumaban a sus muertos en estos mismos lugares. Por lo tanto, estos moluscos tenían una función de subsistencia, pese a que en algunas ocasiones se hayan utilizado especies concretas con fines ornamentales”, agrega el investigador del CSIC.

Juan F. Gibaja, M. Eulàlia Subirà, Xavier Terradas, F. Javier Santos, Lidia Agulló, Isabel Gómez-Martínez, Florence Allièse, Javier Fernández-López de Pablo. The Emergence of Mesolithic Cemeteries in SW Europe: Insights from the El Collado (Oliva, Valencia, Spain) radiocarbon record. PLOS ONE.


Fuente: Consejo Superior de Investigaciones Científicas (http://www.csic.es)

 

El patrón de vuelo del buitre leonado puede reducir sus colisiones en parques eólicos

El investigador de la Estación Biológica de Doñana del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y delegado del organismo en Andalucía, Miguel Ferrer, ha dirigido un estudio sobre los patrones de vuelo del buitre leonado con el fin de reducir las colisiones de esta ave con los aerogeneradores de los parques eólicos.

“Determinar y conocer estas rutas no sólo explica por qué algunas turbinas han provocado mayores colisiones y muertes de ejemplares que otras del mismo parque eólico, sino que también ofrece una valiosa herramienta para diseñar el emplazamiento de los nuevos parques eólicos”, señala el científico.

Buitre leonadoLa investigación se ha realizado a través del estudio de corrientes predominantes en un túnel de viento en el que se instaló una maqueta a escala de la zona de estudio del parque eólico de Tarifa (Cádiz). Los resultados indican que los buitres leonados, en su paso a través de los parques eólicos, siguen unas rutas específicas determinadas por los vientos predominantes, que les ofrecen una menor resistencia para planear.

Dentro del túnel de viento se distribuyeron al azar penachos de lana cuyo movimiento quedó registrado en una cámara de video. Los ensayos con vientos en diferentes direcciones revelaron unas trayectorias preferentes para los penachos de lana, gracias a los cuales se diseñó el mapa de vuelo. Estas simulaciones se compararon luego con las direcciones de vuelo de los buitres leonados observadas en el campo y grabadas también con cámaras de video.

Existe una relación directa entre la mortalidad de los buitres leonados por colisión con las aspas de los aerogeneradores y las condiciones del viento

Según Ferrer, “el estudio confirma que existe una relación directa entre los índices de mortalidad de los buitres leonados por colisión con las aspas de los aerogeneradores y las condiciones del viento, la topografía del suelo y el propio comportamiento de vuelo”, ya que los buitres no se desplazan en un determinado territorio al azar, sino que buscan las corrientes de viento que les permiten planear más rápido y con un menor gasto energético.

El investigador del CSIC concluye que “el estudio podría resultar útil para determinar la localización menos peligrosa de los aerogeneradores en los parques eólicos, previamente a su instalación”, y añade: “el porcentaje de mortalidad no depende tanto de que los parques eólicos estén instalados en zonas de alto tránsito de aves, sino en que las turbinas coincidan o no con las rutas de vuelo de las diferentes especies”.

La investigación también ha contado con la participación de la Fundación Migres.

Referencia bibliográfica:

Manuela de Lucas, Miguel Ferrer, Guyonne F. E. Janss. “Using Wind Tunnels to Predict Bird Mortality in Wind Farms: The Case of Griffon Vultures”. PLoS ONE. DOI: 10.1371/journal.pone.0048092