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Las praderas de posidonia retienen en el fondo del mar cantidades ingentes de CO2

El calentamiento global y la emisión de gases de efecto invernadero vienen acompañados de fenómenos que se retroalimentan y que pueden llegar a darle las dimensiones catastróficas que los más pesimistas auguran. El CO2 que durante millones de años ha estado retenido en la tundra siberiana o en las praderas submarinas de posidonia podría liberarse súbitamente, generando un efecto invernadero todavía mayor que, a su vez, aceleraría otros procesos de cambio climático que contribuirían a hacer el planeta Tierra un lugar menos acogedor.

La pérdida de praderas submarinas de posidonia supone un problema doble: esas zonas dejan de capturar COatmosférico, y además pueden convertirse en fuentes de ese gas cuando se erosionan y liberan el carbono que la pradera había acumulado durante décadas o siglos. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio internacional elaborado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universitat Autònoma de Barcelona y el Oceans Institute de la University of Western Australia, que ha evaluado si la replantación de praderas submarinas es eficaz para recuperar su capacidad como sumideros de carbono en un tiempo relevante para su gestión (décadas). El estudio se publica en la revista Journal of Ecology.

“La replantación de praderas evita que se erosionen estos depósitos de carbono orgánico acumulado durante siglos en praderas que han desaparecido”, señala la investigadora del CSIC y coautora del estudio Núria Marbà, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados. “Nuestros resultados indican que la pérdida de este ecosistema debe haber representado también una importante pérdida en la capacidad de secuestro y almacenamiento de carbono de los sedimentos de praderas submarinas”, añade.

Pere Masqué, investigador de la Universitat Autònoma de Barcelona y coautor del estudio, señala que “el área potencial disponible para llevar a cabo proyectos de replantación de angiospermas marinas es enorme”, y añade que “estos pueden ayudar a reconstruir los sumideros de carbono, así como a conservar los depósitos antiguos”.

Las praderas submarinas son sumideros de carbono relevantes a escala global, por ello su conservación y restauración puede contribuir a mitigar las emisiones antropogénicas, indican los investigadores. Además, los resultados de este estudio contribuyen a disipar las dudas que limitan el desarrollo de estrategias de carbono azul en praderas submarinas. El carbono azul es el carbono captado en ecosistemas marinos y costeros, y almacenado en forma de biomasa y sedimentos.

El estudio fue realizado en la laguna costera de Oyster Harbour, al sur de Australia occidental, según explica la investigadora. “Este entorno alberga una pradera submarina de Posidonia australis que sufrió una reducción muy importante entre los años 60 y finales de los 80. A partir de 1994, la pradera aumentó, en parte gracias a una serie de replantaciones realizadas hasta 2006 por uno de los autores del estudio, Geoff Bastyan”.

Para llevar a cabo el estudio se han utilizado técnicas de datación del sedimento que han permitido cuantificar la acumulación de carbono en las zonas repobladas, y la erosión del carbono histórico en las zonas sin recolonizar. Este es el proyecto de replantación de praderas cuya evolución se ha seguido durante más tiempo en todo el mundo, concluye Marbà.

Núria Marbà, Ariane Arias-Ortiz, Pere Masqué, Gary A. Kendrick, Inés Mazarrasa, Geoff R. Bastyan, Jordi Garcia-Orellana y Carlos M. Duarte. ”Impact of seagrass loss and subsequent revegetation on carbon sequestration and stocks”. Journal of Ecology. Doi: 10.1111/1365-2745.12370

Pradera de posidonia


Fuente: Consejo Superior de Investigaciones Científicas (http://www.csic.es)

 

La caza, igual que hoy, tenía importantes connotaciones sociales en el neolítico

Es posible que en el neolítico la caza fuese perdiendo peso como recurso alimentario en favor de la recolección y la domesticación de animales. Lo que parece que no ha perdido hasta nuestros días es su función social como símbolo de estatus social de manera que quien tenía las mejores herramientas de caza y/o hacía mayores repartos de la comida cazada recibía mayor consideración social.

Trabajos en el yacimiento de La Draga - Gerona (1)

La caza con arco durante el Neolítico podría haber sido uno de los pilares de la unidad como grupo de sociedades humanas primitivas. Esta es una de las principales conclusiones alcanzadas por un equipo de arqueólogos españoles con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que ha analizado los arcos neolíticos encontrados en el yacimiento de La Draga (Girona). El estudio ha sido publicado en la revista Journal of Archaeological Science.

“Comparando los escasos restos animales silvestres y el abundante material de caza encontrados en el yacimiento, llegamos a la conclusión de que la alimentación no era el principal objetivo de la elaboración de objetos de caza. La arquería neolítica podría haber tenido una importante función social y de colectividad, además de aportar prestigio social a la actividad física y a los individuos involucrados en ella”, explica el investigador del CSIC Xavier Terradas, de la Institució Milá y Fontanals.

Según el estudio, en algunos casos el prestigio estaba ligado al tipo de animal cazado, y en otras ocasiones se relacionaba más con la distribución que se realizaba de la presa que con el propio abatimiento del animal. “Las presas de mayor tamaño, como recurso colectivo, podrían haber jugado un rol importante, incluso en casos en los que constituyeran un recurso puntual o esporádico”, añade Raquel Piqué, investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Los arcos neolíticos más antiguos de Europa

Entre el material incluido en el estudio se encuentran tres arcos de madera de tejo descubiertos en La Draga en 2012. El análisis de las piezas confirma una antigüedad estimada de entre 7.400 y 7.200 años, las más antiguas de su género halladas en Europa hasta el momento.

El único de los tres arcos conservado íntegramente mide 1,08 metros de longitud, 25 milímetros de anchura máxima y 15 milímetros de espesor. Estas dimensiones son inferiores a la media del resto de arcos neolíticos encontrados en otros puntos de Europa. Sin embargo, las dimensiones de las partes conservadas de los otros dos arcos de La Draga hacen suponer a los investigadores que tendrían un tamaño mayor, similar a los europeos.

“Los arcos recuperados en La Draga, además de constituir un documento material único de la arquería y de la tecnología cinegética del Neolítico inicial, constituyen una evidencia arqueológica única para evaluar el rol social de la caza en las primeras sociedades campesinas, así como para abordar aspectos cruciales como la especialización económica, la división del trabajo y la naturaleza del acceso a los recursos”, concluye el investigador del CSIC.

Raquel Piqué, Antoni Palomo, Xavier Terradas, Josep Tarrús, Ramon Buxó, Àngel Bosch, Júlia Chinchilla, Igor Bodganovic, Oriol López, Maria Saña. Characterizing prehistoric archery: technical and functional analyses of the Neolithic bows from La Draga (NE Iberian Peninsula). Journal of Archaeological Science. DOI: 10.1016/j.jas.2015.01.005


Fuente: Consejo Superior de Investigaciones Científicas (http://www.csic.es)

 

El océano almacena carbono procedente de la actividad humana

Mientras asistimos a un fenómeno sin precedentes de calentamiento global, cada vez resulta más evidente nuestro desconocimiento acerca del funcionamiento del clima del planeta y de los factores que lo modulan. Por primera vez la Humanidad tiene la posibilidad de observar y medir muchos indicadores climatológicos pero no dejan de aparecer nuevos datos que revelan, otra vez, que los modelos disponibles hasta la fecha eran incompletos. ¿Cuánto carbono generado por el hombre está en el fondo de los océanos?

Toma de muestras marinas

Investigadores de la expedición Malaspina han dado un paso adelante en el conocimiento de la materia orgánica disuelta en el océano profundo, una enorme “caja negra” formada por gran cantidad de sustancias que persisten de cientos a miles de años. Los resultados, basados en 800 muestras de todos los océanos recogidas durante la circunnavegación del buque Hespérides entre 2011 y 2012, profundizan en el conocimiento de la “bomba microbiana de carbono”, un mecanismo con el que el océano almacena carbono procedente de la actividad humana.

El océano contiene una enorme cantidad de carbono en forma de materia orgánica disuelta. El volumen, unos 700 billones de kilogramos, es comparable a todo el dióxido de carbono acumulado en la atmósfera. Casi toda la materia orgánica disuelta es producida por los microorganismos unicelulares que habitan los océanos y, mayoritariamente, persiste en el agua sin alterarse entre décadas y miles de años. La generación de estas sustancias se conoce como “bomba microbiana de carbono”.

Los científicos, que publican sus conclusiones en el último número de la revista Nature Communications, se han centrado en aquellas moléculas orgánicas que tienen la particularidad de absorber luz y reemitir una parte en forma de fluorescencia. Han descubierto que persisten entre 400 y 600 años en el océano profundo, por debajo de los 200 metros de profundidad, donde no penetra la luz solar.

“Este tiempo de vida es superior al tiempo que tarda en renovarse el océano profundo, unos 350 años, lo que significa que las moléculas fluorescentes, que representan entre el 1% y el 15% de la materia orgánica, tienen potencial para secuestrar carbono antropogénico en las profundidades y, por tanto, contribuir a mitigar el efecto invernadero debido a la quema de combustible fósiles”, explica Xosé Antón Álvarez Salgado, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

800 muestras y 2,5 millones de datos

La circunnavegación realizada por el buque Hespérides en el marco de la expedición Malaspina supuso una oportunidad única para obtener muestras de los tres grandes océanos, el Atlántico, el Índico y el Pacífico.

“Hemos realizado un censo de las moléculas fluorescentes presentes en las masas de agua principales de todos los océanos, incluidos las polares Aunque la expedición no navegó por mares polares, las corrientes oceánicas llevan cientos de años transportando aguas polares hacia las latitudes templadas, tropicales y ecuatoriales que cruzó la expedición”, explica la primera autora del trabajo, Teresa S. Catalá, de la Universidad de Granada.

Las 800 muestras recogidas fueron analizadas a bordo poco después de ser tomadas para que sus propiedades no se alterasen. Para ello, los investigadores emplearon un espectrofluorímetro, con el que registraron la emisión de fluorescencia de cada muestra de agua en respuesta a una luz con distintas longitudes de onda. Este instrumento estuvo trabajando unas 270 horas y proporcionó 2,5 millones de datos. “Nunca hasta la fecha se había hecho un esfuerzo tal ni se habían recopilado tantos datos para conocer la fluorescencia del océano profundo”, destaca Catalá.

Los científicos esperan con su trabajo seguir avanzando en el conocimiento de la “bomba microbiana de carbono”, un mecanismo que podría llegar a emplearse en un futuro para producir mayor cantidad de materia orgánica disuelta persistente y contribuir así a mitigar los efectos del calentamiento global.

“Se trata de una iniciativa controvertida, tanto en lo que respecta a la forma de implementarla a escala global como a su eficacia y posibles efectos secundarios. En este contexto, nuestro trabajo contribuye a aportar un poco de luz científica a la controversia. Queda aún un largo camino por recorrer para conocer la composición y tiempo de vida del resto de esta materia orgánica tan persistente”, agrega Álvarez Salgado.

La expedición Malaspina es un proyecto Consolider-Ingenio 2010 gestionado por el CSIC y financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad. Malaspina comprende cerca de 50 grupos de investigación, incluyendo 27 grupos de investigación españoles, del CSIC, el Instituto Español de Oceanografía, 16 universidades españolas, un museo, la fundación de investigación AZTI-Tecnalia, la Armada Española, y varias universidades españolas. La financiación total, en la que también han colaborado el CSIC, el IEO, la Fundación BBVA, AZTI-Tecnalia, varias universidades españolas y organismos públicos de investigación, ronda los 6 millones de euros.

  • T. S. Catalá, I. Reche, A. Fuentes-Lema, C. Romera-Castillo, M. Nieto-Cid, E. Ortega-Retuerta, E. Calvo, M. Álvarez, C. Marrasé, C. A. Stedmon, X. A. Álvarez-Salgado. Turnover time of fluorescent dissolved organic matter in the dark global ocean. Nature Communications. DOI: 10.1038/ncomms6986.

Fuente: Consejo Superior de Investigaciones Científicas (http://www.csic.es)

 

El cementerio más antiguo de España está en Valencia

Aunque el dato parece que podría publicarse sólo por el gusto de decir que “lo mío es mejor que lo tuyo”, lo cierto es que la fecha de uso de la necrópolis valenciana de El Collado, desde 9.500 a.C. hasta 8.500 a.C. aproximadamente, viene a establecer que el paso hacia la sedentarización humana se produjo de un modo homogéneo en toda Europa occidental porque esa fecha coincide con al de otros yacimientos portugueses, daneses, suecos o franceses. La existencia de cementerios usados durante varios siglos puede reflejar el cambio de hábitos de los cazadores nómadas hacia una mayor vinculación con el territorio para la obtención de recursos.

 Necrópolis de El Collado en Valencia

Un equipo liderado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha demostrado que la necrópolis de El Collado, en Oliva (Valencia), es la más antigua de la Península Ibérica. La datación de los restos óseos de diez de los 15 individuos enterrados en este conjunto funerario, con una antigüedad comprendida entre los 9.500 y 8.500 años, rompe con la idea de que los primeros cementerios ibéricos fueron los asentados en los concheros portugueses, como los ubicados en los estuarios de los ríos Tajo y el Sado.

Los resultados, publicados en la revista PLOS ONE, demuestran que esta necrópolis, situada en el extremo meridional del Golfo de Valencia, tuvo un uso intermitente durante unos 1.000 años. El empleo de este espacio con fines sepulcrales coincide, por tanto, con otros yacimientos mesolíticos en Europa, como los de Vedbaek (Dinamarca), Skateholm (Suecia) o Téviec y Hoëdic (ambos en Francia).

Hace unos 9.500 años, las últimas comunidades de cazadores-recolectores que ocupaban la Península Ibérica comenzaron a enterrar de forma sistemática a parte de sus congéneres en cementerios, un hábito que se vincula a la progresiva sedentarización de estas sociedades y a un cambio significativo en la relación de sus territorios con las actividades económicas.

Según las dataciones por carbono 14 mediante espectrometría de masas, los restos más antiguos fueron enterrados en el sector sur y los más recientes en la zona norte. “Es significativo que la mayor parte de estas sepulturas no se superpongan ni se corten unas a otras, lo que indica que posiblemente se empleó algún tipo de señalización para indicar las inhumaciones, que era reconocida y respetada mientras se mantuvo la función funeraria de este lugar”, el investigador del CSIC Juan Francisco Gibaja, de la Institución Milà i Fontanals.

En el yacimiento mesolítico de El Collado, excavado en 1987 y 1988, se documentaron 14 enterramientos a lo largo de una superficie de 143 metros cuadrados. Uno de ellos contiene restos de dos individuos. Los datos antropológicos apuntan a que cuatro son mujeres y siete hombres, otros dos probablemente hombres y los dos restantes un adolescente y un recién nacido de los que no se ha podido determinar el sexo. Las dislocaciones documentadas permiten inferir que algunos de ellos fueron enterrados en algún tipo de sudario, saco o con algunos de sus miembros atados.

“Hasta hace poco, las dataciones relativas a un conjunto funerario solían limitarse a unos pocos individuos en el mejor de los casos, ya que en muchas ocasiones se solían realizar dataciones indirectas, es decir, de elementos vinculados al individuo enterrado, pero cuya antigüedad podía no corresponderse necesariamente con el evento funerario. Por ello, nosotros hemos tomado muestras directamente de los huesos humanos de los 10 individuos”, señala Xavier Terradas, investigador del CSIC en la Institución Milà i Fontanals.

El yacimiento es además un depósito de conchas, relacionado con el consumo de moluscos por estas comunidades, que vivían a menudo cerca del mar o de los estuarios. “A veces inhumaban a sus muertos en estos mismos lugares. Por lo tanto, estos moluscos tenían una función de subsistencia, pese a que en algunas ocasiones se hayan utilizado especies concretas con fines ornamentales”, agrega el investigador del CSIC.

Juan F. Gibaja, M. Eulàlia Subirà, Xavier Terradas, F. Javier Santos, Lidia Agulló, Isabel Gómez-Martínez, Florence Allièse, Javier Fernández-López de Pablo. The Emergence of Mesolithic Cemeteries in SW Europe: Insights from the El Collado (Oliva, Valencia, Spain) radiocarbon record. PLOS ONE.


Fuente: Consejo Superior de Investigaciones Científicas (http://www.csic.es)

 

Desvelan cómo se produce la transferencia de genes virulentos entre bacterias

Un trabajo con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha atribuido a una enzima presente en todos los organismos vivos una nueva función en la transferencia de genes virulentos entre bacterias, un proceso que acaba por provocar una infección.

Las bacterias son capaces de transferir material genético entre sí mediante mecanismos de transferencia horizontal de genes

Staphylococcus aureauMagnification 20,000Los resultados, que aparecen publicados en el último número de la revista Molecular Cell, y que han empleado como modelo la bacteria Staphylococcus aureus –la más frecuente en las infecciones adquiridas en hospitales–, establecen el mecanismo de actuación de estas moléculas.

Las bacterias son capaces de transferir material genético entre sí mediante mecanismos de transferencia horizontal de genes. Cuando estos genes son virulentos, las bacterias que los reciben adquieren la capacidad de provocar enfermedades.

“Algunos de los genes que codifican para toxinas y otros factores de virulencia están presentes en unas regiones denominadas islas de patogenicidad. Estas islas se transfieren de unas bacterias a otras utilizando virus que infectan bacterias, los llamados bacteriófagos”, explica José Rafael Penadés, que trabaja en el Instituto de Biomedicina de Valencia.

El equipo de investigadores, formado también por científicos del Centro de Investigación y Tecnología Animal y la Universidad CEU Cardenal Herrera, ha descubierto que las enzimas dUTPasas son capaces de despertar a las islas de patogenicidad para que detecten que la bacteria está siendo atacada por un virus. Antes de que la bacteria muera infectada, las islas inician su replicación y se transfieren a otras bacterias inocuas, a las que convierten en virulentas.

“El proceso evolutivo ha hecho que las islas detecten que un virus está infectando a las bacterias, lo que producirá su muerte, y utilicen la presencia del bacteriófago para activarse e iniciar su ciclo. Esto ocurre porque algunas proteínas del fago se unen a un represor que bloquea la isla”, explica Penadés.

Proteínas G protooncogénicas

Los resultados confirman que las dUTPasas son moléculas señalizadoras que emplean un mecanismo similar al descrito para una familia de proteínas presentes en células eucariotas: las proteínas G protooncogénicas.

“Las dUTPasas son activas como señalizadoras cuando se unen a un nucleótido dUTP. Es entonces cuando cambian su conformación y, una vez cumplida su función, degradan el nucleótido y pasan a estar apagadas. Este mecanismo de encendido y apagado es el mismo que el empleado por los protooncogenes”, destaca Penadés.

Según Alberto Marina, otro de los autores e investigador del CSIC, el estudio sugiere por primera vez que las dUTPasas cumplen una función señalizadora no solo en la mayoría de los virus, sino en organismos vivos complejos como los eucariotas superiores.

“Nuestros resultados aportan una visión completamente nueva del mecanismo de actuación, que depende de una serie de características presentes en las enzimas de los bacteriófagos de Staphylococcus aureus y también presentes en otras muchas dUTPasas de un gran número de organismos vivos. Todo ello sugiere que el mecanismo descrito es universal”, concluye Marina.

Referencia bibliográfica:

María Ángeles Tormo‐Más, Jorge Donderis, María García‐Caballer, Aaron Alt, Ignacio Mir‐Sanchís, Alberto Marina y José R. Penadés. “Phage dUTPases Control Transfer of Virulence Genes by a Proto‐Oncogenic G Protein‐like Mechanism”. Molecular Cell. DOI: 10.1016.

El diccionario más completo del griego al español ya tiene acceso abierto en internet

Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han hecho accesible en Internet los siete volúmenes publicados del diccionario griego‐español (DGE). de acceso abierto, cubre la sección alfabética α ‐ ἔξαυος.

Aun siendo una obra en curso de elaboración, el DGE constituye en la actualidad el diccionario bilingüe más completo y actualizado de la lengua griega antigua a una lengua moderna: incluye hasta el momento cerca de 60.000 entradas y 370.000 citas de autores y textos antiguos.

El-diccionario-mas-completo-del-griego-al-espanol-ya-tiene-acceso-abierto-en-internet_image365_Este diccionario se realiza en el Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo del CSIC bajo la dirección de Francisco R. Adrados, reciente Premio Nacional de las Letras, y de Juan Rodríguez Somolinos, investigador científico del CSIC.

“DGE en línea es una versión beta, que gradualmente se irá enriqueciendo con nuevas funciones para hacerla más completa y sofisticada. Las posibilidades de un diccionario en línea como este son múltiples, desde la más obvia de poder efectuar búsquedas complejas hasta incluso su integración o interconexión con otros recursos electrónicos en Internet”, declara Rodríguez Somolinos.

Εl DGE es un diccionario de autoridades, es decir, todas las traducciones y acepciones están documentadas con citas de autores literarios y textos documentales, un corpus que abarca desde el período micénico y Homero hasta el siglo VI d.C.

El trabajo está basado en una la recogida y estudio pormenorizado de abundantes materiales léxicos, que se hallan en continuo crecimiento debido a la publicación ininterrumpida de nuevos textos y de nuevas ediciones y estudios sobre el léxico y la lengua griega.

A ello hay que añadir los bancos de datos de griego antiguo, cada vez más completos y sofisticados.

El texto ha sido codificado en lenguaje XML, a partir de un esquema basado en las recomendaciones de la Text Encoding Initiative. Los lemas se presentan en un doble sistema de navegación (por orden alfabético o inverso) que permite un acceso rápido y eficaz a las entradas.

Los artículos se visualizan uno a uno y claramente estructurados, aunque por el momento de un modo básico. “Todo esto supone ya un avance significativo en relación con la presentación condensada y apretada de los artículos en su versión impresa, además de hacerlos accesibles a cualquier persona interesada, tanto investigadores como público culto en general”, añade el investigador del CSIC.

Magia y religión en los papiros mágicos griegos

En paralelo aL DGE en línea se publica la edición digital del léxico de magia y religión en los papiros mágicos griegos (LMPG en línea), realizado por el mismo equipo de investigadores.

Por su menor tamaño y complejidad, este recurso ofrece características técnicas más desarrolladas, que se incorporarán gradualmente a DGE en línea. En primer lugar, se implementará un motor de búsqueda avanzado.

Más adelante, están previstos otros desarrollos: la interconexión con otros recursos, como el Repertorio Bibliográfico de la Lexicografía Griega, del mismo equipo, o laincorporación de addenda et corrigenda, etc.

El Atlántico absorbe menos CO2 por la ralentización de la circulación oceánica

La circulación meridional de retorno del Atlántico, que transporta las aguas cálidas superficiales hacia el norte y las aguas frías profundas hacia el sur, cumple un papel crucial en el sistema climático, ya que facilita la redistribución del calor, el agua dulce y el dióxido de carbono del planeta.

Un estudio liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha constatado que la ralentización de la circulación oceánica contribuyó a que la región subpolar del Atlántico disminuyese rápidamente su capacidad de absorción del CO2 atmosférico entre 1990 y 2006.

El-Atlantico-absorbe-menos-CO2-por-la-ralentizacion-de-la-circulacion-oceanica_image365_Los investigadores han combinado datos sobre el transporte oceánico de volumen, calor y CO2 para rastrear la absorción en las regiones subtropical y subpolar del Atlántico Norte durante las últimas dos décadas. Los resultados, que aparecen publicados en el próximo número de Nature Geoscience, constatan que la absorción del dióxido de carbono antropogénico, el de origen humano, se produjo casi exclusivamente en el giro subtropical del Atlántico Norte.Los análisis muestran además que el océano aportó menos calor a la atmósfera, una disminución relacionada con la ralentización de la circulación meridional.

“Según modelos de simulación, el calentamiento de la superficie del mar coincide con una reducción en la recirculación meridional en el Atlántico. Nuestras conclusiones constatan que la ralentización de la circulación fue en gran parte la responsable de esa pérdida de la capacidad de absorción, a través de una reducción de la pérdida del calor oceánico y por la disminución de la captación de CO2 antropogénico en aguas subpolares”, explica Fiz Fernández Pérez, investigador del CSIC en el Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo.

El Atlántico es el océano que almacena mayor cantidad de CO2 respecto a su volumen total

El Atlántico Norte absorbe un tercio del CO2 captado por los océanos

Los científicos llevan tiempo estudiando el funcionamiento del Atlántico porque es el océano que almacena mayor cantidad de CO2 respecto a su volumen total. Solo el Atlántico Norte absorbe anualmente un tercio de todo el dióxido de carbono captado por los océanos. La cantidad de calor transportado en la circulación meridional de retorno tiene un impacto directo sobre el clima por el suministro de calor a las costas, de ahí la importancia de conocer cuándo ese transporte será más débil y cuándo será más fuerte.

Los investigadores apuntan que el debilitamiento observado se atribuye a una reducción del CO2 de origen natural. “El aumento acelerado del CO2 en la atmósfera está menguando la capacidad de absorción del océano, lo que respaldaría las predicciones más pesimistas sobre el impacto del cambio climático”, destaca el investigador del CSIC.

La iniciativa, que estudia la perturbación oceánica y sus consecuencias en respuesta al aumento del CO2 atmosférico derivado de las actividades humanas, es parte de un experimento decenal que comenzó con el muestreo a lo largo de la sección hidrográfica y geoquímica A25, desde Groenlandia a Portugal, repetida cada dos años en el marco del proyecto francés OVIDE. La campaña de 2012 se realizó a bordo del buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa, gestionado por el CSIC.

El trabajo se enmarca en el proyecto CATARINA (Carbon Transport and AcidificationRates In the North Atlantic) liderado por el Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC.