La desinfección de aguas residuales no genera trihalometanos
Un equipo de investigación liderado por Josep M. Bayona, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) demuestra que no hay razón para ese temor ya que no hay formación apreciable de trihalometanos durante el proceso de cloración para la desinfección de aguas residuales.
Los resultados obtenidos por el equipo del CSIC son parte de un proyecto de investigación multidisciplinar en el que, además del CSIC, participan la Universidad Politécnica de Cataluña y la Universidad de Barcelona, y que está cofinanciado por la Fundación Euromediterránea de Hidrotecnia y el Ministerio de Educación y Ciencia.
Para este proyecto, se ha llevado a cabo un estudio de dos años sobre la calidad de los efluentes sometidos a un proceso de desinfección en tres estaciones de depuración de aguas residuales (EDAR) a escala real en Platja d'Aro (Girona), Mataró (Barcelona) y Lloret (Girona).
Uno de los resultados más llamativos del proyecto es precisamente éste, que se ha obtenido en los laboratorios del Departamento de Química Ambiental del Instituto de Investigaciones Químicas y Ambientales de Barcelona (CSIC). Según explican los investigadores, no hay formación apreciable de trihalometanos durante el proceso de cloración a niveles habituales (<10 mg/L), con independencia del tipo de depuración usado (secundario o terciario, con o sin exposición a la luz ultravioleta).
En realidad, los niveles de trihalometanos detectados en las aguas residuales desinfectadas son inferiores a 20 microgramos por litro, menos que los establecidos por la legislación europea actual (150 microgramos por litro). Son inferiores incluso a los marcados por la futura legislación, que a partir de 2009 establecerá un máximo de 100 microgramos de trihalometanos por litro para el agua potable de consumo público.
La ausencia inesperada de formación de trihalometanos durante la cloración de aguas residuales, a pesar de su elevado contenido en materia orgánica, radica en que la residual, a diferencia del agua potable, contiene concentraciones significativas de amonio, el cual reacciona con el cloro y promueve la formación de cloraminas.
Las cloraminas inorgánicas tienen un efecto desinfectante y, a la vez, una menor reactividad con la materia orgánica. Aunque resulta necesario profundizar en la formación de otros subproductos de desinfección y otros contaminantes, dicen los investigadores, el presente estudio "permite descartar la formación significativa de una de las familias de compuestos cancerígenos que mayor preocupación despiertan durante la potabilización de aguas", como son los trihalometanos. Del estudio se deduce, además, que sería un error grave promover la eliminación total del amonio presente en el agua residual (nitrificación-desnitrificación) cuando se pretenda desinfectar el agua con cloro, ya que en estas condiciones sí podría propiciarse la formación de compuestos cancerígenos a niveles preocupantes.
La reutilización de aguas residuales es uno de los métodos que permiten garantizar un abastecimiento sostenible de agua para usos no potables, como por ejemplo el riego agrícola y de campos de golf o la recarga de acuíferos. Para eliminar los microorganismos patógenos y minimizar el riesgo inherente a las aguas residuales es imprescindible someter el agua a un proceso de desinfección adecuado. La cloración y la exposición a la luz ultravioleta son dos de los métodos de desinfección más utilizados. Con el fin de minimizar el riesgo que puede comportar la reutilización planificada de un agua residual, es imprescindible controlar una gran diversidad de parámetros físicos, químicos y microbiológicos, parámetros que se han estudiado en este proyecto de investigación.
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